SI TE DEDICAS A COLONIZAR MÁS VALE QUE CONOZCAS LAS COSTUMBRES LOCALES

Por Javier Sanz 

Muchos de los conflictos que se iniciaron en el continente africano tras la descolonización, algunos de ellos siguen latentes hoy en día, tuvieron que ver con las fronteras fijadas de forma arbitraria, muchas veces con escuadra y cartabón, por la potencias europeas. Otros nacieron del desconocimiento de las costumbres locales, como el ocasionado en Ghana.

Los ashanti son una etnia de Ghana que, durante los siglos XVIII y XIX, constituyó un imperio que abarcó los actuales territorios de Ghana, Togo y Costa de Marfil. Formaban un grupo estrictamente jerarquizado y disciplinado, que, además, se adaptó rápidamente a las circunstancias, incluyendo las armas de fuego entre su repertorio militar. Durante el siglo XIX, se libró la guerra anglo-ashanti —en la que algo tuvieron que ver los yacimientos de oro— que comprendió varios conflictos bélicos entre los imperios ashanti y británico. Aunque la resistencia de los ashanti fue muy dura, con varias victorias sobre los británicos, en febrero de 1896 el asantehene (soberano), Prempeh I, fue capturado y exiliado a las islas Seychelles. El imperio ashanti pasaba a convertirse en un protectorado británico.

El gobernador británico de la zona, Sir Frederick Mitchell Hodgson, demostró el desconocimiento de las costumbres locales y su prepotencia al exigir que los ashanti entregasen el símbolo de la soberanía… «el Taburete de oro». Era un asiento de unos 46 centímetros con múltiples incrustaciones de oro que nunca debía tocar el suelo y en el que sólo podía sentarse el soberano. Además de ser el símbolo de la soberanía, para ellos representa el espíritu de su nación y, según su leyenda, su origen era divino.

Los británicos habían llegado muy lejos y los ashanti no iban a consentir aquel sacrilegio. Yaa Asantewaa, la reina madre, viendo que los hombres no hacían nada, les espetó:

«¿Es cierto que la valentía de los ashanti se ha terminado? ¡No puedo creerlo! ¡No puede ser! Si vosotros, los hombres de Ashanti, no seguís adelante, entonces lo haremos las mujeres. Voy a pedir a mis compañeras que vayamos a luchar juntas contra el hombre blanco. Vamos a luchar hasta que caiga la última de nosotras en los campos de batalla».

Aquella arenga levantó en armas a los ashanti y consiguieron acorralar a los profanadores en las oficinas británicas de la ciudad de Kumasi. Aunque la superioridad numérica de los nativos era aplastante, los británicos consiguieron hacerse fuertes con algunas piezas de artillería. Decidieron sitiarlos. Los británicos enviaron tropas de rescate pero no pudieron romper el cerco hasta tres meses más tarde. Yaa Asantewaa y otros líderes fueron exiliados a las Seychelles, convirtiéndolas en un campo de reclusión de ashanti, y más de 2.000 miembros de este grupo étnico fueron asesinados.





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