Crónica inconclusa bajo la lluvia
por J. L. Maldonado Un maricón se me queda viendo y suspira. Me clava la mirada y yo tuerzo la comisura izquierda de la boca. “Qué cagada”, pienso, “más solo que la una, sin novia y se me queda viendo un gay”. Un viejo amigo de hace dos décadas atrás me hubiera dicho, “agarra aunque sea fallo”. No levanto ni polvo, pero mi necesidad no llega allí. Vengo caminando bajo la lluvia, tiempo sin hacerlo. Total relax, más aún después de las cuarenta agujas que clavó en mi espalda la acupunturista. Aún huelo a Artemisa (esa vaina es marihuana, huele a marihuana, “chico, no digas eso”, diría ella). Me instalo a disfrutar de la lluvia debajo de uno de esos paraguas gigantes que atraviesan el boulevard de Sabana Grande con fines estéticos. Protege bien, pero con la fuerte brisa, uno se moja igualito. Tomo una foto de un hombre leyendo, escribo un tweet “Leer como y donde sea”, la adjunto y la envío a la red. Alguien pasa cerca y le dice bromeando a su acompañante, “Mira al viejo güevón ese, ...