ELEGIA
Por Julio Miranda
Señor Juez:
Si Jessie-de-altos-y-firmes-pechos fue la que me dejó, llevándose a las niñas, el carro, la chequera, el betamax, el equipo de sonido y la muchacha de servicio;
Si Jessie-de-pestañas-que-proyectan-insólita-sombra se volvió a casar enseguida, con el director de su agencia;
Si Jessie-de-perenne-seductora-sonrisa gana cien veces más que yo, como modelo y publicista;
Si Jessie-de-largas-finas-piernas sigue yendo a Miami, sigue yendo a París, sigue yendo a donde carajo le dé la gana de ir sobre sus dulces tobillos terminados en diez preciosos deditos;
Si Jessie-de-sapientísima-lengüita me trató de «vagabundo», me trató de «perro», me trató de «mal hombre» hasta delante de mi mamá;
Si Jessie-manitas-de-plata nunca se ocupó de la ropa que le he traído a Usted en esta maleta: camisas sin botones, pantalones con los bajos sujetos por grapas, interiores que han perdido el elástico: indicios, claros indicios de mi situación;
Si Jessie-piel-de-miel se me aparece en televisión, se me aparece en el cine, se me aparece en las vallas, agigantada, dominadora, más bella que nunca, torturándome;
Si es imposible, digo yo, que Jessie-de-exquisitos-vicios nocturnos sea una excepción en el nuevo Código Civil que garantiza la igualdad de los sexos; entonces, Señor Juez, ¿por qué no me ha concedido Usted la pensión alimenticia, modesta al cabo, que solicité en el ejercicio de mis derechos?
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