LA EPIDEMIA DEL ENGAÑO
Por Enrique Pinti
¿Será, como dicen algunos, que el país está desintegrado y nosotros no nos hemos dado cuenta? A lo mejor no nos damos cuenta porque todo el mundo sigue haciendo las cagadas habituales. Como siguen pidiendo dinero por desarraigo, y como siguen pidiendo el juicio a la Corte, parece que todo está igual. Lo que nos pasa puede ser el inicio de la desintegración y no nos damos cuenta, todavía. No te olvidés que recién ha pasado apenas algo más de un año de esa foto del 20 de diciembre de 2001 y el país tiene reservas de toda naturaleza para seguir un año y medio o dos años su marcha. Aún estamos en ese año y medio o dos años que, si esto no cambia ni mejora, ahí sí vamos a empezar a ver las cosas que no queremos que ocurran. Ése es mi terror, ése es mi temor y es el temor de toda la gente que todavía tiene un sentimiento de amor hacia su lugar y su casa.
Estamos trabajando para un futuro horrible, estamos trabajando para un futuro sin futuro. Estamos trabajando, evidentemente, para consecuencias imprevisibles, porque, justamente, todo parece ir hacia consecuencias imprevisibles.
Aunque siempre hay que tener en cuenta que el país y el mundo son milagrosos. Todos los países del mundo, aun cuando parece que están caídos para siempre, de pronto le dan una vuelta de campana a la historia y van para adelante.
Puede haber milagros, puede haber cambios. Los acontecimientos pueden precipitarse de una manera o de otra, y los mapas políticos cambian en menos de lo que dura un pedo en un canasto, esto es verdad. Pero, de todas maneras, lo que se ve como progresión lógica de la Argentina indica un futuro tremendo. Con el agregado de un problema: la incógnita de quién va a integrar el próximo gobierno, si es que hay próximo gobierno.
Supongo que el Estado va a tener que existir, pero los candidatos que se barajan en nuestro país son, como mínimo, imprevisibles. No sé si uno de afuera lo ve distinto o lo ve mejor. Brasil, por ejemplo, tiene a Lula. Es muy probable que esté haciendo la de Menem: “Síganme, que no los voy a defraudar”. Porque antes Lula era “O terror do Fondo”, y ahora resulta que el Fondo quiere que esté Lula. Y era el terror de los banqueros brasileños, y ahora los banqueros brasileños lo están apoyando. Esas cosas no se consiguen porque el mercado pensó “No, nos conviene más Lula porque...”. No, eso se consigue por pactos, promesas, reuniones, cenáculos a puertas cerradas, sin grabadores y sin cámaras de televisión ocultas, en donde se dice: “Mirá, vamos a hacer esto, esto y esto... Vamos a aprovechar ese caudal de apoyo popular que tenemos para hacer estas transformaciones”.
Lo único que espero es que le sirva la dura lección que tuvimos de Menem, y que, si lo llega a hacer, no lo haga de la manera desordenada, absurda, descabellada y corrupta como se hizo en todo el gobierno de Menem va a ser mucho peor de lo que nosotros creemos. Y no va a ser sólo el contagio de dolarizaciones, pesificaciones y corralitos, sino que va a ser el contagio de una técnica de engañar a la gente, al darle diez años de jauja y que esos diez años de jauja los tenga que pagar la próxima generación con veinte años de pobreza, de miseria y de desvalorización.
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