UN BESO Y UNA FLOR - NINO BRAVO

Por Dani Moreno

Título: «Un beso y una flor»

* Artista: Nino Bravo 
* Álbum: Un beso y una flor 
* Año de lanzamiento: 1972
* Género: Balada pop romántica, canción melódica 
* Duración: 4,31 minutos
* Discográfica: Polydor 
* Compositores: José Luis Armenteros (letra) y Pablo Herrero (música)
* Producción: José Torregrosa y Maryní Callejo
* Grabación: Sonorama, Madrid

Otros datos y curiosidades

* «Un beso y una flor» es el corte que abría el cuarto álbum de Nino Bravo, y con el que por fin tuvo el reconocimiento unánime después de unos titubeantes inicios. 

* La dirección musical corrió a cargo de José Torregrosa, por el que han pasado muchísimos temas que seguro que conoces perfectamente.

* Fue el último LP que publicó con vida, puesto que falleció un año después de su lanzamiento en un accidente de tráfico. Esta circunstancia aumentó el simbolismo emocional de la canción, que con el tiempo se convirtió en una especie de himno póstumo.

Arranco este capítulo directamente con una pregunta: ¿cuántas versiones crees que se han hecho de este himno de Nino Bravo? No hay respuesta, porque son incontables, de verdad. Eso sí: todas tienen la esencia de una canción que está en la banda sonora de nuestra vida. En la de tus abuelos, en la de tus padres y en la tuya. Ha sido transgeneracional y se mantiene como una de las melodías más importantes de la historia de la música en este país. Fito Páez, Espontáneos, Javier Andreu (La Frontera) en dúo póstumo con el propio Nino, Paulina Rubio para el álbum 40 años con Nino (con un toque reggae), Chimo Bayo (haciendo gala de buen valenciano), Serafín Zubiri (que tiene una banda paralela a su carrera, homenaje a Nino) y, por supuesto, Seguridad Social, que desde hace más de veinte años cierra todos sus conciertos con esta canción, que termina cantando todo el público, sin música, a pleno pulmón.

«Un beso y una flor» es seguramente el tema más popular de Nino Bravo, un auténtico hit que se sabe todo el mundo casi sin querer, sin importar la edad, y que a menudo se ha reclamado como la mejor canción española de todos los tiempos. Todos hemos conocido a Nino Bravo con ese nombre artístico, aunque se llamaba Luis Manuel Ferri Llopis. 

El valenciano fue uno de los intérpretes españoles más auténticos, con una voz que sumaba potencia, personalidad y sentimiento. Una voz única e irrepetible que en su momento tuvo otro nombre artístico que muy poca gente conoce. A mediados de los años 60 actuaba con su grupo, Los Superson, y llegó a presentarse en algún momento con el nombre de Linuel, abreviatura de Luis Manuel. Cuando volvió de la mili y decidió dedicarse de lleno a la música, contactó con el locutor de radio Miguel Siurán, quien asumió las riendas de su carrera y lo bautizó como Nino Bravo. Nino, por el auge de los nombres argentinos y porque solía poner en sus programas de radio a Nino Rota, y Bravo, por la personalidad del artista, que podía parecer tímido e introvertido, pero en los momentos en los que tenía que sacar su bravura era imparable. 

Recuerdo cuando mi padre, sentado en su Seat 124 azul oscuro, bajaba la ventanilla para que el humo del tabaco no nos ahogase y ponía música para que el trayecto fuese un poco más liviano. Solían ser viajes cortos, de no más de una hora; era entonces cuando sacaba la cinta blanca que tenía junto al cambio de marchas, la que ponía siempre cuando llegaba la primavera y el buen tiempo. Tenía algunas de Antonio Molina, Manolo Escobar y, por supuesto, de Nino Bravo. Esa cinta blanca era su preferida. Cada vez que la insertaba en el radiocasete del coche, subía el volumen y levantaba la barbilla con una medio sonrisa. La música estaba tan alta que yo solamente podía leer sus labios mientras él decía: «¡Qué voz, qué chorro de voz!». Durante ese trayecto me quedaba mirando la portada de ese casete fijamente, pensando que era lo más increíble que había escuchado nunca. Cuando me enteré de que había fallecido unos años atrás, me dio mucha pena, porque había adquirido a través de mi padre una admiración estratosférica por él. 

Se comenta en el documental Nino Bravo. Vivir, emitido en el programa Imprescindibles de TVE, que los compositores en ocasiones le escribían canciones con muy mala leche para desafiar su descomunal rango vocal, pero él siempre llegaba donde no llegaba casi nadie. Trabajó con los mejores compositores de la época (Algueró y Juan Carlos Calderón), pero fue el tándem formado por Pablo Herrero y José Luis Armenteros (autores de «Un beso y una flor») quien le dio un aire más moderno y pop a la discografía de Nino, y le dotó del tono épico tan característico de sus canciones. Componían muchas veces en hoteles o durante giras. En esta canción hablan sobre la añoranza del lugar de nacimiento, pensando en los sentimientos de quienes tienen que dejar su hogar por obligación o por un sueño. Habla de los emigrantes y de los que emprenden un largo viaje dejando atrás toda una vida. 

En aquel momento la discográfica, aún escamada por su pésima decisión de introducir «Noelia» en la cara B de su single anterior, decidió no volver a meter la pata y que fueran los fans los que eligieran cuál debía ser el siguiente single a través de las emisoras de radio, el medio más cercano a la gente y el que más artistas ha lanzado al éxito. Sus fans decidieron masivamente que sería «Un beso y una flor». Todo en ese disco y en esa canción es a color; se acabó el blanco y negro. La primera portada a color con un videoclip grabado en las islas Baleares y que nos ha dejado el único vídeo sin grises de Nino Bravo. 

Volví a subirme al Seat 124 de mi padre. Bajé las ventanillas y puse la cinta del valenciano a todo volumen mientras el aire fresco de la primavera entraba por todos lados. La canté a pleno pulmón recordando esos trayectos cortos pero intensos. El cenicero lleno de colillas. ¡Qué pena que te fueras tan pronto, Nino! Seguro que mi padre, el señor Manolo, está contigo diciendo: «¡Qué chorro de voz! ¡El mejor cantante que hemos tenido nunca!».

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El día que bajaron los cerros...

ELEGIA

Caracas Blues