Historia políticamente incorrecta de América Latina
Por Leandro Narloch
Epílogo
Los restos del libertador venezolano Simón Bolívar fueron trasladados al Panteón Nacional, en Caracas, en 1876. Por allí permanecieron hasta 2010, cuando el presidente Hugo Chávez ordenó la exhumación del difunto. El 16 de julio de aquel año, un grupo vestido de blanco, con tocas en la cabeza, mascarillas y marchando como soldados, abrió el sarcófago y recogió los vestigios para realizar un análisis. Bolívar murió de tuberculosis, la misma enfermedad que afectó a su padre y a su madre. Para Chávez, sin embargo, él fue envenenado con arsénico o asesinado con disparos por la oligarquía colombiana. “Murió llorando, murió solitario”, afirmó el presidente en la cadena de televisión.
Hay quien cree que el espectáculo con los restos de Bolívar no tuvo motivación científica e histórica, sino que fue realizado para cumplir un ritual de brujería, o santería, la religión de origen africana practicada en Cuba. Vestidos siempre de blanco, los hechiceros cubanos (babalaos) son presencia habitual en el Palacio de Miraflores, la sede del poder ejecutivo de Venezuela. El va y viene de esos religiosos en el Congreso, en Caracas, también es común. Según la periodista Angélica Mora, del Diario de América, los babalaos estarían entre los científicos vestidos de blanco que profanaron el sarcófago. La fecha de 16 de julio fue elegida porque es el día de la Virgen del Carmen que, en sincretismo religioso, representa a Oyá, la dueña de las llaves del cementerio. Antes de revolver los túmulos, es necesario siempre pedir autorización a Oyá, para la fecha adecuada. Por eso la ceremonia se produjo a las tres de la madrugada, que es cuando se practican actos de magia negra. Esa es considerada la hora opuesta a la de Jesús, a las tres de la tarde.
Por otro lado, el mexicano Pancho Villa, asesinado en una emboscada en Parral, fue enterrado en esa misma ciudad, en México. En 1926, el administrador del cementerio descubrió que la tumba había sido violada y la cabeza había desaparecido. Cincuenta años después, el cadáver fue trasladado al Monumento a la Revolución, en Ciudad de México. Entre las especulaciones que intentan explicar el misterio sobre la decapitación, una cuenta que la calavera estaría en un instituto científico estadounidense. Otra, en poder de una sociedad secreta de la Universidad de Yale, la Skull and Bones Society (Sociedad Calavera y Huesos), que había tenido entre sus participantes al ex presidente George W. Bush y al político Kerry.
El cuerpo del general Juan Domingo Perón, muerto en 1974, permaneció dos años en la residencia oficial de Olivos, en Buenos Aires. Más tarde, fue enterrado en el cementerio La Chacarita. En los años 80, unos vándalos amputaron y robaron sus manos. También se fueron con el quepis y la espada. Pidieron un rescate de 8 millones de dólares, que nunca fue pagado. En 2006, Perón fue transferido a un mausoleo en una finca en la provincia de San Vicente, donde peronistas de la izquierda y de la derecha se enzarzaron con palos, piedras y disparos por el derecho de subirse a la tribuna.
Evita Perón recorrió el mundo después de muerta. Tan pronto como la Madona de los Descamisados falleció, en 1952, tuvo inicio su embalsamiento. El encargado fue el médico anatomista español Pedro Ara, que desempeñó la tarea en un laboratorio improvisado dentro de la Confederación General del Trabajo (CGT), la central sindical peronista. Cuando los militares derrocaron a Perón, en 1955, el ejercito, bajo el mando del teniente coronel Carlos Eugenio Moori Koenig, invadió el edificio para recoger el cuerpo y ocultarlo, evitando que se convirtiera en objeto de culto. La escena de dos hombres entrando en el laboratorio para llevarse a Evita es relatada por el escritor Rodolfo Walsh, en el libro Esa Mujer:
“Ella estaba desnuda en el ataúd y parecía una Virgen Santa. Su piel se volvió transparente. Podían ser vistas las metástasis del cáncer, como pequeños dibujos sobre un cristal mojado. Desnuda. Éramos cuatro o cinco, incapaces de mirarnos. Había un capitán de barco, el gallego que la embalsamó y no sé quién más. Y cuando la sacamos de allí, aquel gallego asqueroso se lanzó sobre ella. Estaba enamorado del cadáver, la tocaba, acariciando indiscretamente los pezones de los pechos.”
Después Evita habitó diversos edificios militares hasta ser colocada dentro de un ataúd de madera en el gabinete del teniente-coronel Koenig. Salió de allí a una fosa anónima en Italia, donde permaneció hasta ser devuelta a Perón, que entonces estaba exilado en España. Fueron 21 años de contratiempos hasta que Evita descansara en el cementerio de La Recoleta, en Buenos Aires, a seis metros de profundidad. Su tumba fue construida por una empresa especializada en cajeros de bancos, para evitar otro secuestro. Únicamente la hermana de Evita recibió una llave.
También siguen dando noticia los restos mortales de Salvador Allende. Hasta que se demuestre lo contrario, el presidente chileno se suicidó en 1973 en el palacio La Moneda, en Santiago, con una AK-47 que Fidel Castro le regaló. En diversas ocasiones, Allende admitió la posibilidad de poner su vida en peligro en nombre de la causa que defendía. En el discurso que hizo por la radio dentro de La Moneda, cercado por militares, dijo: “Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”. Fidel Castro, que conocía a Allende y se quedo tres semanas en Chile dando discursos por todas las ciudades que pasaba, afirmó tras la muerte de Allende: “Él tenía aquel estado de animo, aquella disposición de defender el proceso a costa de su propia vida”. Al antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, Allende le dijo: “Solo saldré de La Moneda cubierto de balas”. La tesis del suicidio es defendida también por la familia del ex presidente.
El cuerpo de Allende fue exhumado en mayo de 2011 para probar otra hipótesis, defendida por un grupo de forenses. Estos afirman que Allende habría recibido tiros de armas de calibres diferentes: una pistola automática y un fusil. El presidente habría cometido un suicidio asistido: tras darse un tiro a sí mismo, sin conseguir poner fin a su vida, habría recibido otro, del militante de izquierdas Enrique Huerta, que habría completado la ejecución para cumplir una promesa hecha al presidente de no dejarlo salir vivo de La Moneda. El resultado de los análisis no dejó duda: Allende se suicidó.
Al argentino Che Guevara le amputaron las manos a pedido del ejercito boliviano, justo después de muerto en 1967, para que sirviera como prueba incontestable de su muerte. Fue enterrado en la ciudad de Vallegrande, en Bolivia. Según la historia oficial, divulgada por el gobierno cubano, los restos del guerrillero fueron desenterrados de una fosa en Bolivia en 1997, y llevados a un mausoleo en la ciudad de Santa Clara, en Cuba, donde se construyó un museo en su homenaje. El cuerpo de Che fue encontrado en una fosa con otros seis guerrilleros y llevaba su chaqueta verde, lo que ayudó en la identificación.
Sin embargo, la probabilidad de que las autoridades cubanas hayan recogido el cuerpo de un guerrillero cualquiera para hacerlo pasar por Che es enorme. Según los militares que estaban presentes en Bolivia en 1967, el argentino fue enterrado solo. Para Félix Rodríguez, exilado cubano que ayudó en la captura de Che, él fue enterrado con tres otros hombres, no más que eso. Gustavo Villoldo, un oficial estadounidense de alta patente que estaba en Vallegrande y participó en la operación, cuenta:
”Yo enterré a Che Guevara. Él no fue cremado, no lo permití, así como me opuse terminantemente a la mutilación de su cuerpo. En la madrugada del día siguiente, transporté un cadáver en una camioneta, junto con los otros dos guerrilleros. Yo estaba acompañado de un conductor boliviano y de un teniente llamado Barrientos, si no me equivoco. Fuimos hasta la pista de aterrizaje y allí enterramos los cuerpos.”
La fosa con siete hombres, donde los especialistas cubanos creen haber encontrado los restos de Che Guevara, es otra. Él tampoco fue enterrado con su chaqueta verde. Después de muerto, su cuerpo fue lavado, y la prenda se quedó con el corresponsal del periódico Presencia, Edwin Chacón, según los periodistas Maite Rico y Bertrand de La Grange, que realizaron un extenso estudio sobre el caso y lo publicaron en la revista mexicana Letras Libres. Las manos de Che, conservadas en un frasco con formol, fueron llevadas a Budapest, después a Moscú y, en 1970, aterrizaron en La Habana. Son el único resto genuino de Che en Cuba actualmente.
En la isla arrasada por las manos de Che, estas son el único resto genuino del héroe.
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