VALDÉS
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Por Manuel Felipe Sierra
Cuando en la Sierra Maestra Fidel Castro escogió a Ramiro Valdés para dirigir el Departamento de Investigaciones del Ejército Rebelde, le comentó a su hermano Raúl, que "Ramirito" le recordaba a "Félix de Hierro" el jefe de la "checa" en la Revolución Bolchevique. Y ese sería el destino de Valdés. Habría de cuidar la vida de Castro ante cientos de atentados y construir una estructura de espionaje capaz de enfrentar a la CIA y el FBI en plan de beligerancia. En 1965 llega por primera vez a Cuba Markus Wolf, quien durante 33 años fue jefe de la Stasi, la policía política alemana. Ya Valdés era jefe de los servicios secretos. Junto a Raúl Castro y Manuel Piñeiro daba los pasos para la creación del famoso G-2. Wolf lo describe en sus memorias: "sobre su escritorio descansaban pilas de catálogos occidentales que mostraban los más recientes modelos de aparatos de escuchas y control remoto, de micrófonos supersensibles que podían recoger el sonido al aire libre desde grandes distancias o registrar conversaciones a través de las paredes, receptores y radios transmisores en miniatura, armas en miniatura y antiguos pero impracticables juguetes, como estilográficas que arrojaban veneno y cuchillos en los tacones de los zapatos". Valdés sería una pieza clave en todas las etapas del proceso revolucionario. Tengo viva la mañana de abril de 1980, cuando atravesé las rejas que acordonaban la embajada de Perú en el barrio Miramar de La Habana. Tres días antes cinco mil personas habían ocupado en masa la residencia. Era el primer paso para una "transfusión de sangre" conocida como el éxodo de "Mariel" que colocó en pocos días a 120.000 cubanos en las costas de Florida. La versión más común indicaba que ante la presencia de refugiados en la embajada y también en menor medida en la de Venezuela, Castro quiso tener una constatación directa. Se hizo presente en el lugar en un jeep conducido por Valdés. Éste, para convencerlo que se trataba de otro infundio de la "escoria mayamera", procedió a levantar la barra que bloqueaba la calle. En cosa de horas se produjo una enorme conmoción humana. "Ramirito" fue el culpable", se deslizaba en el disimulo de los corrillos diplomáticos. Aún así, siguió siendo el Ministro del Interior hasta que le llegó la hora de un breve descanso.
A finales de los ochenta sobrevino el derrumbe de la Unión Soviética y se impuso el "Período Especial", un tiempo de mayores penurias y desconciertos que colocaba en primer plano de nuevo a "los duros", "los históricos", a "los sobrevivientes" de la montaña y el bloqueo. Se encendió de nuevo la estrella de Ramiro Valdés. Desde el 2006 cuando Castro cedió ante la enfermedad, Valdés toca formalmente la cúspide del poder, sin que en la práctica nunca haya estado alejado de élla. Es designado segundo vicepresidente y ministro del área de las telecomunicaciones. Ya la labor de la policía tiene poco que ver con los juegos inocentes que Markus descubrió en su escritorio hace más de 40 años. La resistencia ya no se limita a las oracio-nes en Miami ni a las incursiones de combatientes cuya osadía se apagaba ante el paredón. La bloguera Yoani Sánchez y "Las Damas de Blanco", simbolizan la lucha contra una dictadura cuyo final parece atado a la última respiración de Castro.
Ahora Valdés es noticia en Venezuela. Chávez mencionó su nombre en una misión que vino a prestar asesoramiento ante la crisis eléctrica. No es la primera vez que viene. En una oportunidad habló incluso en el Panteón Nacional en un homenaje a Bolívar. Es visto en ocasiones en la discreta sala de un restaurant de Las Mercedes. Sus viajes más bien se vinculan con la vigilancia y control de los contingentes cubanos que se desempeñan en áreas claves. Valdés actúa como el comisario político de los 60.000 funcionarios que asesoran a Chávez en salud, deporte, educación, seguridad, notarías, inteligencia militar y muchos de los cuales correrían el riesgo de ser "contaminados" con los vicios capitalistas.
Chávez asume la presencia cubana como un recurso de seguridad y estabilidad para el régimen. El anillo presidencial que lo cuida no es nada distinto a la "guardia mora" que durante años protegió a Francisco Franco por su desconfianza en el ejército español aunque aquella obedecía al mando del dictador gallego. Para los Castro la alianza ideológica de "Venecuba" o "Cubazuela" es una tabla de sobrevivencia. Son miles de personas que salen de los apremios de la vida cotidiana, sumado a una ayuda de 100.000 barriles de petróleo diarios de los cuales más de la mitad son reexportados y la creación de un próspero centro de intermediación. Además, los televisores, blackberrys y alimentos que los cubanos envían y llevan a la isla contribuyen al mercado del "resuelve", un espacio de economía menor que sirve para atenuar las exigencias de una población ya acostumbrada a la miseria. Tanto se valora la asistencia venezolana que en las calles habaneras ya es común un nuevo saludo: ¿Oye mi socio, y tú como estás? Óyeme aquí viviendo de la fe. ¿No me diga que ahora eres católico? Te dije de la fe: familia en el exterior. Se debería decir en Venezuela.
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