EXTRAVIADO
#ElPlacerDeLaAventura
Por Mario Mendoza
#LaImportanciaDeMorirATiempo
La historia de Rudolf Fenz es difícil de superar. Este misterioso personaje apareció en el verano de 1950 y surgió de la nada en pleno Times Square, en Nueva York. Tenía unos treinta años de edad y miraba los edificios y los carros con temor, alucinado, como si estuviera atrapado en una pesadilla. No entendía nada. Iba vestido con un abrigo grueso y con unos zapatos de hebilla muy antiguos, como si acabara de salir de una fiesta de disfraces. Fueron tales su angustia y su extravío que tropezaba con la multitud, miraba las vitrinas sin comprender qué estaba pasando e intentaba hablar, pero las palabras se quedaban atragantadas y sólo alcanzaba a balbucear sonidos incomprensibles. Al fin trastabilló en una esquina y un carro lo atropelló.
En la morgue no dejaban de sonreír por la vestimenta del sujeto. No obstante, la cosa se complicó cuando encontraron en sus bolsillos una carta con matasellos de 1876 dirigida a él, el señor Rudolf Fenz, y unos cuantos billetes y monedas de esa época. El agente Hubert Rihn, de la Oficina de Desaparecidos del Estado de Nueva York, se puso al frente de la investigación. Supuso que por el apellido tal vez el hombre sería alemán o austriaco. Revisó los archivos de los inmigrantes de la segunda guerra mundial, muchos de los cuales se habían refugiado en Estados Unidos en busca de una nueva vida. Nada. Por ningún lado apareció el señor Fenz. Después de infructuosas pesquisas dio con una guía telefónica de 1939 en la que aparecía un tal Rudolf Fenz Jr. Averiguó acerca de este individuo, pero ya había fallecido. Finalmente, encontró a su viuda y ésta quedó sorprendida con la historia. En efecto, el padre de su esposo, el señor Rudolf Fenz, había salido una noche de 1876 a dar una vuelta y fumarse un cigarrillo, y había desaparecido sin dejar rastro. El detective investigó los archivos del año 1876 y corroboró esta información. La familia del señor Fenz lo había reportado ese año como desaparecido.
Los físicos y matemáticos que conocen esta historia elaboran hipótesis que son características de la ciencia ficción: portales interdimensionales, agujeros de gusano, universos paralelos, un viaje cuántico a través del tiempo, una breve caminata de setenta y cuatro años. Los seguidores de las teorías extraterrestres afirman que al señor Fenz lo secuestraron seres de otro planeta y que luego lo dejaron un día de verano cualquiera en el centro de Nueva York. Tal vez, por qué no.
Lo que a mí me gusta imaginar es ese momento en el que Fenz enciende su cigarrillo mientras camina por su granja, mira la llama, aspira, levanta la mirada y de repente ya está entre el gentío y el fragor de Times Square, setenta y cuatro años después. ¿No es así la vida? ¿No estábamos ayer montando en bicicleta y disfrutando de la adolescencia, y en un soplo, en un parpadeo, nos vemos ya con una familia, con hijos, llenos de canas?
¿No es la vida un viaje en el tiempo, un viaje que creemos al comienzo que va a durar mucho, y cuando menos pensamos nos han engañado y ya estamos arrugados y con achaques de salud? ¿Hace unos segundos no éramos jóvenes, redactando en máquinas de escribir manuales y viendo televisión en blanco y negro, y de repente, de un momento a otro, abrimos los ojos y nos encontramos rodeados de iPods, computadores portátiles y teléfonos celulares? ¿No somos todos el extraviado señor Fenz?
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