THE GOOD EGG
Por Pilar Altamira
Lleno total en The Good Egg. Durante mi estancia en Estados Unidos, lo frecuento cada mañana de domingo. Allí sirven el mejor y más auténtico desayuno americano: huevos con abundante y delicioso bacón, panqueques con crema, mantequilla, mermelada, miel o sirope, y también otros tipos de desayuno. Para beber, chocolate, café, diversas clases de té o bebidas refrescantes, como la típica limonada. Desayunar en este lugar, sea dentro o en la terraza exterior, reconcilia con la casi inexistente cocina americana. Aún me cuesta adaptarme a los horarios, especialmente comer a las doce, la hora del aperitivo en España, pero dejo de hacer comparaciones para atacar como es debido lo que tengo delante.
Mientras saboreo este exquisito bacón, contemplo el espectáculo que me rodea. Parece ser que este es un punto de reunión gay. A mi lado, detrás o enfrente, una o varias parejas de musculosos muchachos desayunan con el aire relajado de un merecido week-end. Me fijo mejor, son realmente atractivos y, desde luego, lucen una ropa de sport, de marca claro está, absolutamente informal y maravillosa. Amplío ahora mi ángulo visual y descubro otro tipo de adeptos al breakfast dominguero: las ladies, solas o acompañadas, entregadas con delicadeza, pero con pasión, a los placeres de los doughnuts o las tortitas.
En ningún lugar de los países que he recorrido había encontrado mayor proporción de gordos/as. ¿Serán los desayunos, las hamburguesas o la comida basura que engullen, chorreando toda suerte de salsas venenosas? Ahora lo comprendo y me solidarizo; un par de meses más en estas tierras y seguramente podría incluirme en el grupo, digamos, de las obesas. En el extremo opuesto, esas otras ladies de extraordinaria delgadez, esbeltas, elegantes, normalmente vestidas con colores claros y con unas cabezas rubias o blancas perfectamente peinadas.
Para aquellos que se dejan llevar por los prejuicios, diré que, al menos en estos lugares, no he visto ningún tipo de discriminación racial. Junto a mí, varios morenos devoran su desayuno con la misma fruición que cualquier blanquito.
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