Lenguaje operativo

Por Iván Loscher 

#IndiosincraciaPura

Sabía que me estaba viendo, pues yo lo veía viéndome, pero igual sabía que no me ponía atención, a pesar de que, como dije antes, me veía.

-¿Tú me estás parando? -le pregunté.
-¡Ah pues! -me dijo. ¿No te estoy viendo?
-Sí, me puedes estar viendo, pero a lo mejor no me estás oyendo.
-Pero, bueno mi pana, ¿te vas a empatar en esa?
-¿Qué te dije? -quise saber.
-¡Ah vaina contigo!
-¡Ah vaina, conmigo!, ¿qué?
-¿No te estoy viendo? -volvió sobre el mismo argumento.
-Me puedes estar viendo pero no oyendo -y yo volví sobre el mío.
-Por eso quiero saber qué te dije -insistí.
-Coño, me lo acabas de decir y ¿ya se te olvidó? Chamo tú estás chifla -fue su último comentario.

Qué vaina esa tan criolla de que el venezolano no te escucha.

Al menos, sin pedir mucho, me gustaría que escuchara la mitad.
Tal vez si escuchara la mitad, entendería el doble.

El asunto opera así: 

Por ejemplo, tengo enfrente a Jorge y le digo:

-Hay que entregar la locución grabada mañana. 

Jorge me ve, oye hasta «hay que entregar». De inmediato su ágil pensamiento comienza a trazar gráciles figuras en su interior:
«Coño, no llamé a Margarita».
¡Qué buena que está Margarita!».
«Hay es viernes y no he comprado el Kino». 
«El giro del carro se vence el lunes y estoy pelando».

Y así se expande por una cosmogonía de preocupaciones, citas por cumplir con damiselas casi olvidadas en la memoria, giros vencidos o a punto de, recetas de cocina, ensoñaciones diurnas de aspiraciones de éxito, en fin, un universo amplio del pensamiento más ocioso, mientras miran atentamente al pendejo, que tienen enfrente, abrir y cerrar la boca en unos gestos característicos de quien, al parecer, está diciendo algo, y no sólo lo está diciendo, sino que se lo está diciendo a él, de forma tal que viene a ser una molestia este interlocutor que dice algo, porque «coño no me deja pensar en qué hacer con Margarita, o que números me voy a jugar en el Kino».

Así que uno, que por elemental cortesía debería ser el sujeto de la atención del otro -pues le está diciendo algo, que se supone le interesa a ambos, uno, repito, pasa a ser una molestia, pues lo abstrae en su volátil pensamiento acerca de la numerología cabalística del Kino del próximo domingo, o cualquiera otra pendejada que lo tenga absorto, pues si usted me dijera que está pensando en cómo rebatir la segunda ley de la termodinámica o la sexta tesis sobre Feuerbach acerca de la esencia del ser humano... pero no... el idiota está pensando en Margarita y en el Kino.

A decir verdad, esta abstracción del pensamiento, propia de nosotros, se completa en algunos con un lenguaje operativo de propia autonomía, pero esto es ya en casos excepcionales. O sea, en maestros del ANTIPARABOLISMO.

La cosa funciona así, más o menos.

Uno está hablando y ellos te están viendo, pero no se quedan mudos: necesitan hablar con un habla que cumpla con la elemental cortesía de estar prestando atención, de que están escuchándonos, y así, se hacen con un sin fin de palabras de puro LENGUAJE OPERATIVO:

-¡Qué bien!
-¡No puede ser!
-¡No me digas esa vaina!
-¡¡No te lo creo!! O su variante
-¡¡¡No te lo puedo creer!!!
-¡lmaginate!
-¡Qué locura!
-¡¡ Guaoooo!!
-¡Qué vaina tan loca!
-¡Quién lo diría!

Y otras semejantes.

Así pues, una conversación típica con un maestro del ANTIPARABOLISMO podría ser por este orden:

-¿Tú sabes que la mujer de Juan tiene un amante?
-¡Ah qué bien!
-El pobre Juan está hecho mierda.
-¡Fantástico!
-Y lo peor es que se enteró ayer y la vaina ya tiene un año.
-¡Estupendo!
-Parece que Juan se quería hasta matar.
-¡¡Me parece formidable!!
-¿Y si se mata?
-¡lncreíble!
-¿Tú crees que se mate?
-¡En la quinta!
-¿En la quinta, qué?
-¡Tengo que jugar llave 12 en la quinta de la Rinconada!
-¿Tú me estás oyendo el drama de Juan?
-Ah pues, ¿te vas a empatar en esa?, ¿no te estoy respondiendo?

No se me ocurrió más nada, no quise seguir con aquella necedad. 

Me di media vuelta, sin despedirme, y me fui pensando en los fundamentos iniciales del ROMANTICISMO IRÓNICO. 

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