La vaina es así

Por Iván Loscher 

#IndiosincraciaPura
#EllaEraTanBellaQueLevantabaSospechas

-La vaina es así, tal cual como te lo digo.
-¿O sea, tú no dudas?
-Ah caray, ¿no te estoy diciendo cómo es la vaina?
-Sí, pero...
-Chico, no me discutas pendejadas, ya te dije cómo es que es.
Así es la vaina.

El venezolano sabe cómo es no sólo cualquier vaina, sino LA VAINA, en términos ontológicos amplios, una cosmogonía que va desde la esencia del alma del Creador, hasta la mayéutica de la elaboración de una arandela, por ejemplo.

La vaina es así. O esta variante: así es la vaina.
No hay duda.
Cero humildad.

Nadie tiene la sutileza de decir algo así como... «Bueno, tal vez me equivoque, pero yo creo que a lo mejor... quizás... posiblemente...» у otra cantidad de términos dubitativos de una posibilidad...

¡¡¡No qué va!!! La VAINA ES ASÍ.

-Estaba pensando en comprarme un carro -le dije- 
Un BM o un Mercedes, lo demás es una mierda.
-Pero, yo no tengo tanto dinero.
-Bueno, allá tú, entonces no te compres nada.
-Es que no puedo seguir andando en carritos y metro.
-BM o Mercedes contigo, campeón.
-¿Y un japonés?
-Qué japonés del carajo... Ya te dije lo que tienes que hacer. La vaina es así de sencilla: BM o Mercedes. ¡No hay más!
-Pero es que...
-¿Vas a seguir?

Me encogí de hombros... le di un golpecito amable en la espalda y me fuí imaginándome tras el volante de un BM o un Mercedes, «ya que la vaina es así... atracaré un banco», pensé haciendo un alarde forzado de la imaginación y una barbaridad idiomática, podríamos decir que este es un país prometeico. Como Prometeo le robamos el fuego a los dioses, vale decir la sabiduría, para arrogárnosla: todos sabemos cómo es la vaina, por ende todos somos sabios; y lo otro prometeico, y aquí va la barbaridad idiomática, es que conformamos un país de prometedores. Perdonen el tonto
juego de composición de sílabas.

-¿No vas a ir al premio de fórmula uno en Canadá?
-No tengo dinero y el pasaporte está vencido.
-¡Ah vaina!, dámelo acá, yo te lo renuevo de un día pa'otro.
-¿Y ahora trabajas en la DIEX?
-Tengo un compadre ahí, yo te soluciono esa vaina.

Como dice Manu Chao: «Caí en la trampa de ser tu amigo, caí en la trampa de en ti confiar».

-¡Aló, Miguel!
-Sí, soy yo.
-Es Iván.
-¿Qué Iván?
-El que te dio el pasaporte.
-Pana, pero no ha pasado ni una semana.
-Bueno, me dijiste que era de un día para otro.
-Sí, pero tú sabes cómo es la vaina.
-No, no sé cómo es la vaina.
-Ah... ¿tú no sabes cómo es la vaina?
-No.
-Bueno, ¿pero en qué país vives tú?
-En este.
-¿Y no sabes cómo es la vaina? Tas jodío, pana. Tienes que aguantarte, yo te dije que te soluciono esa vaina.
-¿Alo, Miguel?
-Si.
-Es Iván.
-¿Qué Iván?
-El del pasaporte.
-Ajá, dime.
-Dime tú.
-El pasaporte no está, pana.
-Pero han pasado dos meses.
-Gran vaina, ¿tú como que no sabes cómo es la vaina aquí?
-No.
-Coño pana, tú vives en otro mundo, aterriza. Este es otro país.
Llámame la próxima semana.

Se corrió el gran premio de Canadá, el de Estados Unidos y otra cantidad hasta que terminó la temporada. ¡Fernando Alonso campeón mundial!

Noviembre.
-Aló, Miguel es Iván, el Iván del pasaporte.
-Coño pana, qué pena contigo. Tu pasaporte no está.
-Han pasado cinco meses y medio.
-Tú como que tienes mala leche. ¿Por qué no te das unos ramazos? ¿Tú conoces a algún brujo?
-No.
-Yo tengo uno buenísimo.
-Ajá, ¿y tu compadre de la DIEX?
-Él no es brujo.
-No, ¿que, qué paso con él?
-No, ese bicho ya no está ahí.
-¿Y entonces?
-Y entonces, no sé.
-¿Pero, qué hago?
-Bueno, date unos ramazos y aguántate, algún día saldrá, tú sabes cómo es la vaina.
-No, no sé cómo es la vaina.
-Pues, la vaina es así.

Tuve al menos la sutileza de agregar:

-O esta variante: «así es la vaina».
-Tal cual: ASÍ ES LA VAINA. Tú lo has dicho. Ya aprendiste...
¡Te felicito!

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