Salvatore de Monferrate


Nació Salvatore en la región piamontesa de Monferrato, fruto del amor prohibido de Umberto y su hermana Vittoria, con tan mala fortuna que acusó un retraso mental por el que todos lo consideraron una auténtica reconvención divina. Sus progenitores decidieron abandonarlo en un monasterio cercano a Alessandria para que Dios proveyera el modo de enmendar tan infausto error carnal. A los dos años de edad, Salvatore aún no decía media palabra y antes de cumplir los diez ya había pasado por media docena de monasterios de Lombardía, Liguria, Provenza y Auvernia, sirviendo en mil tareas y mal aprendiendo las distintas lenguas que en ellos se hablaban. Ya de mozo fue a dar a una gran abadía piamontesa para ayudar en los trabajos de la cocina. Allí adoptó en secreto la regla de Dulcino de Novara, que abogaba por la pobreza, la humildad y la comunidad de los bienes terrenales.

Las consecuencias de su retraso y de su largo periplo monacal se hicieron evidentes en un peculiar modo de hablar. Un novicio inglés, que había pasado un tiempo en la abadía piamontesa acompañando a un sabio franciscano, describió así su extravagante lengua:

No era latín, lengua que empleaban para comunicarse los hombres cultos de la abadía, pero tampoco era la lengua vulgar de aquellas tierras ni ninguna otra que jamás escucharan mis oídos. […] Salvatore hablaba todas las lenguas y ninguna. […] Advertí también, después, que podía nombrar una cosa a veces en latín y a veces en provenzal, y comprendí que no inventaba sus oraciones sino que utilizaba los disjecta membra de otras oraciones que algún día había oído.

Resultaba extraordinario que alguien fuera capaz de expresarse combinando de modo aparentemente caótico palabras y construcciones de lenguas diferentes. Pero era aún más sorprendente que todos en la abadía comprendieran mal que bien lo que Salvatore quería decir. Cuando alguien le reprochaba algún descuido, debido más a torpeza que a intención aviesa, siempre respondía: «Salvatore e buone». En realidad, Salvatore no representaba aberración lingüística alguna, sino la consecuencia extrema, plasmada en un solo individuo, de la cercanía entre los romances hablados, cuyas fronteras, en la geografía y en la propia lengua, se mostraban sumamente borrosas, al tiempo que el latín hacía de puente entre todas ellas.

NOTA. Este Salvatore es el personaje que Umberto Eco presentó en El nombre de la rosa (1980), al que se le han adosado unos mínimos antecedentes. El individuo es ficticio, pero su historia lingüística verosímil. La mezcla de lenguas es una de las consecuencias del contacto entre ellas, como lo es la confusión entre formas de lenguas afines y el uso de elementos fosilizados durante un proceso de adquisición lingüística.

Instituto Cervantes

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