Roba si tienes hambre

Roba si tienes hambre.
Algunos roban sin hambre

Por Roberto Giusti 

2000

Chávez, quien ascendió al poder como encarnación de la rabia e impotencia de los venezolanos ante la impunidad con que la clase política cometía toda clase de tropelías, venía, cual terrible y justiciero Catón, a liquidar de raíz la maldición del vicio que nos corroía por dentro. La rodada aparatosa de los viejos partidos, bajo la tacha que les fue enrostrada, con tanta saña como razón, es ya historia: corruptos, ladrones, sinvergüenzas, verdugos de un pueblo condenado a la miseria por culpa de sus comisiones, sus porcentajes y de sus mil y una triquiñuelas.

Pero, ¿cómo no respetar y aplaudir la justeza ética de ese combate que nuestro primer soldado estaba dando con tanto pundonor? ¿Cómo no apoyar ese propósito de limpieza, inevitable a la hora de refundar la República bajo principios de la más acerada y vertical probidad? Alguien protestó tímidamente y llegó a afirmar que ser honesto no era suficiente para gobernar, pero, en realidad aquí era más que suficiente, porque estábamos, o íbamos a estar, ante un prodigioso acto mediante el cual a fuerza de voluntarismo no sólo llevaríamos los corruptos a la cárcel, sino que llegaríamos hasta el hueso de una práctica, de un modo de vida, de una cultura, que la Quinta República iba a quebrar con la fuerza, entre otras creaciones, de un tal Consejo Moral.

Pues bien, ahora resulta que todo era una patraña, el combate contra la corrupción se hizo con balas de salva y la determinación punitiva y purificadora no pasó de mera charlatanería al mejor estilo puntofijista: 'robe primero y no averigüe después. Déle armas a la guerrilla y calle'.

Que están investigando, que llegarán hasta las últimas consecuencias, que irá a la cárcel quien deba, está por verse, porque hasta ahora lo único cierto es que la pugna entre dos bandos, y no el coraje de un presidente, que guardó la mugre bajo la alfombra, ha permitido que el escándalo aflore.

Y así llegamos al punto donde se rompe el hechizo, se deshace el inmenso poder de la autoridad moral y se viene abajo el mito. Ni cambio ni transformación ni revolución, sino más de lo mismo, pero, como dijo Urdaneta, peor, porque el desengaño de quienes creyeron en esta verdad, que no lo era, se contará en votos dentro de cuatro meses. Adalides de la abstención como Domingo Alberto Rangel deben estar felices. La ventaja moral ya no existe, la diferencia está en la posesión del poder y a menos que rueden cabezas esa distancia se irá acortando con el tiempo. ¿Se atreverá Chávez a defenestrar al patriarca de la revolución? ¿Desmontará el circuito Miquilena, que va desde el Congresillo hasta la Corte, pasando por el CNE? ¿O tendrá que hacerlo Elechiguerra? Hace un año Jamil Mahuad tenia 60% en las encuestas y hoy está fuera de juego. ¿Arias Cárdenas candidato de oposición? Cualquier cosa puede pasar ahora, cuando todas las cúpulas están podridas.

Los años duros
La realidad no contada 
Roberto Giusti
1989-2004 
pp. 50-51

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El día que bajaron los cerros...

ELEGIA

Caracas Blues