MI HERMANA

Por Pilar Altamira 

A través de las ventanas, árboles y sembrados desfilaban veloces. Algunos campesinos saludaban agitando la mano al paso de las máquinas. Él iba pensando: “No me gustan los viajes y, sobre todo, no quiero dejarla sola”. Enfurruñado, pegó su cara al cristal. “Ella me lleva a todas partes y me enseña a portarme bien en publico, a pintar. Cuando hago algo mal, me riñe y yo me pongo serio; entonces ella me da un beso. Y yo la perdono”. Suspiró profundamente. “¡Es la más guapa del mundo!” Un momento de descanso y volvió a sus pensamientos. “El caso es que cuando pregunto a una chica si quiere ser mi novia, todas dicen que sí pero luego se van. No se por qué, soy listo, muy simpático y ¡pinto mejor que nadie! Ahora he engordado un poco, pero... eso, ¿qué tiene que ver?”.

El tiempo pasaba, había comido el bocadillo y bebido el yogur que ella le había preparado y solo quedaba esperar la llegada al punto de destino. Bajando la voz, musitó: “Si no fuera mi hermana... ¡me casaría con ella!”.
El tren pitaba con fuerza mientras iba disminuyendo su marcha. Los raíles crujían y los viajeros comenzaron a bajar los equipajes. Ella le había dicho: “¡No te bajes del tren hasta que esté parado! Y mira bien, tía Lola quizá vaya con su hija”.

Con la oscuridad del exterior, el cristal de la ventanilla hacía de espejo y se distraía poniendo caras raras con la nariz aplastada contra la ventana. Era divertido. Tan entretenido estaba que no percibió que habían llegado a su estación. Cuando el tren se detuvo, miró al andén y distinguió a una señora que se alzaba de puntillas para mirar mejor el interior de los vagones. Ante su ventanilla, gritó: “Mira, ahí está”. La niña que iba de su mano, se detuvo perpleja. “¿Ése?...mamá, tiene una cara muy rara...” “¡Calla niña!, tu primo es un síndrome de Down”.

Separó bruscamente la nariz del cristal y observó atento el reflejo de su imagen en la ventana, su cazadora nueva, su pelo cuidadosamente peinado y se encontró francamente atractivo. Estaba claro, aquella gente no entendía nada.

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