La prohibición inútil

#HistoriaCanalla 

#Viviendoenelmundo

Por Elí Bravo 

La historia la conozco de cerca. Gente brillante y amiga que a golpe de dos de la mañana te mira con los ojos desorbitados y no para de repetir lo mismo, sudando y batiendo la mandíbula. Gente que va perdiendo la voluntad y la salud, incluso la vida, a causa del abuso de drogas. ¿Qué son, criminales o enfermos?

Ante la ley son criminales, y por eso una buena parte de los presos en occidente están encerrados por delitos relacionados con drogas. En la guerra contra el narcotráfico ellos son los enemigos de la sociedad y las víctimas que deben ser protegidas por el Estado. Una guerra con muchas bajas y pocas victorias. Una batalla declarada desde Washington que alimenta la violencia.

Del otro lado del Atlántico la estrategia comienza a ser diferente. Las leyes consideran al adicto una persona que necesita ayuda. Rehabilitación en lugar de represión. Ante el traficante mantienen una línea dura, pero realista: si el negocio de las drogas en las calles mueve unos 150 billones de dólares al año, los europeos están considerando la legalización una alternativa de control. Sin negocio ilícito, los narcos perderían su poder.

La rentabilidad del negocio es abrumadora. La cantidad de hojas de coca necesarias para producir un kilo de cocaína se le paga a un campesino por 610 dólares. Cuando llega a las calles de Nueva York ese kilo vale 110 mil. Y mientras los precios se estabilizan, el consumo aumenta al igual que la corrupción y el comercio. ¿Puede un ejército detener esta realidad?

Como elementos rituales o de placer, la relación del hombre con las drogas ha estado presente en casi todas las culturas desde que existe registro histórico. La guerra internacional es cosa más reciente. El enfoque legalizador sugiere que el ser humano, como ente soberano y responsable, puede hacer uso de su cuerpo sin restricciones en la medida en que no cause daño a otros. Es una posición que abre miles de flancos a los cuestionamientos morales, pero que intenta una alternativa al callejón sin salida de la represión.

Legalizar no significa libre circulación. La ley establecería controles y diferenciaría entre drogas duras y blandas. El proceso sería evolutivo, acompañado de una efectiva campaña de educación, prevención y rehabilitación. Los riesgos de este enfoque son muchos, posiblemente un mayor consumo o número de adictos, pero quizás a su vez se lograría un mayor control, menos violencia. Las drogas no proporcionan mayor bien, pero cada quien debería ser capaz de escoger su mal.

11-08-2001

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