HOJANA EN LA TIERRA
Por Fernando Iwasaki
Una de las palabras más sonoras, divertidas y populares del acervo flamenco taurino andaluz es la expresión «ojana», cuyo origen no está establecido y que casi todo el mundo escribe sin hache. Así, Antonio Burgos nos dice que «Curro Romero torea sin ojana», hubo un célebre cantaor conocido como el Maestro Ojana y en Cádiz acaba de surgir un grupo musical que se llama «De ojana ná». ¿Pero qué cosa es ojana? Ojana es dorar la píldora, dar cuartelillo y adular en vano. Es decir, lo peor que se le puede dar a un artista, porque la ojana no se hace como la pelota sino que se unta como la manteca. Y como soy feliz siendo usuario del habla andaluza, me gustaría divagar acerca del origen de tan jugosa palabra.
Lo primero que pensé fue que ojana podía ser una voz gitana y peregrina, pero revisé El léxico caló en el lenguaje del cante flamenco (1991) de Miguel Ropero y no hallé ni mijita de ojana. ¿Y si ojana no pertenece al léxico caló como tantas palabras precisadas por Manuel Barrios en su Proceso al gitanismo (1980)? Fue ponerle la hache y comenzar a encontrar pistas.
En su Tesoro de la Lengua Castellana (1611) Sebastián de Covarrubias apuntó dentro de la voz hoja: «Ser todo hoja y no tener fruto: se dice de los que son grandes charlatanes, que tienen muchas palabras y en ellas poco de que echar mano que sea de consideración». Cien años más tarde el da (1726-1737) redujo la expresión a «Todo es hoja: Phrase que se dice por aquellos que hablan mucho, sin utilidad ni substancia». Por lo tanto, ya podemos barruntar que en la España del siglo XVIII a los que daban hojana no se les veía el plumero sino la hoja.
Pero hojana es palabra andaluza y su etimología también podemos rastrearla en el Vocabulario Andaluz (1934) del profesor Antonio Alcalá Venceslada, quien aseguraba que la voz hoja significa «quiebra en una moneda de metal precioso» e ilustró su hallazgo con un diálogo de La buena sombra (1895) de los hermanos Quintero, donde la enamorada Valle le dice a su pretendiente Pepe Luis que ojalá su amor sonara «como un duro» y este le responde que su plata es de ley «porque no tengo hoja». Lo que en lenguaje coloquial equivale a no ser como la falsa moneda de la copla.
Sin embargo, dar hojana no es solo hablar sin sustancia o entregar una falsa moneda, pues cuando a uno le dan hojana es que además lo van a crucificar. Por eso creo que hojana viene de hosanna, mismamente lo que le dieron a Jesucristo cuando entró a Jerusalén entre palmas y palmeros. La Biblia y la Santa Misa siempre han sido una fuente de inspiración popular, y si en Andalucía nos encanta que nos den «gloria bendita», es razonable que nos horrorice que nos den «hojana». ¿Y cómo se convirtió la hosanna evangélica en la hojana flamenca?
Los estudiosos de la fonética andaluza como Manuel Alvar, Antonio Narbona, Rafael Cano y Ramón Murillo, han demostrado cómo la «s» mozárabe tenía un sonido que se escribía con «x» y se pronunciaba como «j» (Oxuna por Osuna), o bien cómo existen casos en los que la «s» andaluza suena como una «j»: «quijeron» por quisieron, «jimio» por simio y «Ojú» por Osú (en realidad, Jesús). Incluso en el más antiguo de los manuscritos de la Vida del Buscón (1626), Quevedo escribió «Jevilla» en lugar de Sevilla y valiéndose de un posadero le explicó a Don Pablos cómo tenía que pronunciar para hablar a lo sevillano: «haga vucé de las g, h y de las h, g. Diga conmigo: gerida, mogino, jumo, pahería, mohar, habalí y harro de vino»
Por lo tanto, la hojana de Jerusalén tiene más peligro que la hojana de la Caleta, y es lógico que haya perdido la «h» porque -como dice Rancapino- el flamenco se canta con faltas de ortografía. Y a mí me hace mucha ilusión hacerle este homenaje al habla andaluza, porque es la voz musical de mi familia y mis amigos.
࿙࿚֍࿙࿚
Comentarios
Publicar un comentario