Historia canalla

Por Elí Bravo

Ese sábado 27 Manuel Rodríguez se levantó con la sensación de que nada de lo que ocurría tenía que ver con él. Parado frente al espejo se quedó un minuto con los ojos clavados en ninguna parte, y cuando finalmente entró a la ducha, lo hizo porque no quedaba más remedio. Era una mañana que no deseaba, así como no deseaba que llegara el día siguiente. Se enjabonó por obligación y se secó con descuido. A las nueve ya estaba listo para ser recogido por su novia. Su padre los había invitado a desayunar.

Mientras la esperaba en la esquina contó los afiches electorales que ensuciaban su calle. Se aburrió antes de terminar, y cosa peor, se dio cuenta de que su aburrimiento era más profundo y antiguo de lo que imaginaba. Dos minutos antes de que el Corolla quejumbroso de su compañera llegase precisó el motivo del drama: no tenía su voto claro para las elecciones de mañana. Manuel se consideraba del grupo de los indecisos, pero esa mañana entendió que formaba parte del grupo de los desencantados.

Ana Patricia llegó con cara de angustia:

-Acabo de dejar a mi mamá en el automercado, está comprando comida porque dice que hay que estar preparados, ¿tú qué crees?

-Que si anda en esa vaina, entonces que se mude a Makro para que le alcance.

El auto bajó hacia la avenida Andrés Bello. Manuel dio un salto atrás en el tiempo y recordó las marchas universitarias de los años de Lusinchi y CAP. En aquel entonces había tenido una ilusión de cambio que se mezclaba con consignas, cervezas y reuniones del Centro de Estudiantes los jueves en la noche. Trampas de la nostalgia, le dio por pensar a dónde carajo se había marchado toda esa energía. Un graffiti en una esquina lo sacó de sus devaneos: "Con Chávez manda el pueblo".

-¿Te acuerdas, Ana, de las marchas de protesta cuando estábamos en la universidad?

-Yo sólo fui a una, eso de los gases lacrimógenos me daba pánico.

-¿Te acuerdas que hablábamos de un cambio, de un nuevo liderazgo, de esto y lo otro?

-Me acuerdo sobre todo de una consigna que gritamos frente al Congreso "ahí están, esos son, los que roban la nación". ¿Todavía gritarán lo mismo?

-La verdad no sé, hace tiempo que no entiendo lo que dice la gente en la calle.

Al llegar, su padre los recibió con cariño y con los últimos chismes de golpe, fraude, alianzas y escándalos. Les dijo frases como "es que ustedes los jóvenes tienen una gran responsabilidad" y "ahora es cuando la lucha empieza". Cuando llegaron al café, Manuel preguntó.

-Papá, ¿sabes por quién votar?

-Claro que no el hombre respiró hondo y alcanzó un cigarrillo-. Chávez me parece un peligro, y Arias es como cambiar de camarote en el Titanic. Es una canallada de la Historia que tengamos que elegir entre dos militares. ¿No crees?

-No, ya no creo nada, y es lo más triste del asunto.

Se despidieron al mediodía y todo el camino de regreso Manuel intentó sacarse una pregunta de la cabeza: ¿qué pasó en estos últimos 15 años? Hubo un tiempo en el que pensaba cosas como sociedad civil, competitividad, participación y desarrollo. Ahora sólo pensaba en crisis, autoritarismo, recesión y populismo. Ana rompió el silencio.

-Ahora que lo pienso, además de las consignas, hay otra cosa que recuerdo de aquella marcha

-¿Qué?

-El brillo de tus ojos. En esa época no tenías ni dudas ni miedos.

27-05-2000

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