En dos palabras cerveza

En dos palabras

cerveza


La cerveza fue una bebida extendida por toda Europa y de consumo habitual en Egipto y Mesopotamia. Parece, no obstante, que entre griegos y romanos, más dados al vino, resultaba algo exótica. La razón de ello se encuentra en la geografía: allí donde la presencia celta fue más intensa, el consumo de cerveza fue más habitual. Y es que los celtas fueron un pueblo cervecero, gran fabricante y mejor bebedor. Por eso la forma celta cerevisia pasó directamente al latín, donde se documentó cervisia y cervesa. La transmisión de la palabra latina a las lenguas romances derivó en el uso de cerveja en portugués, de cervesa en catalán y de cerveza en español. Se trata, por lo tanto, de un celtismo del latín traspasado a las lenguas románicas.

En efecto, la convivencia de la lengua latina con las lenguas de los pueblos cuyo territorio fue ocupando la antigua Roma tuvo como resultado la incorporación al latín de numerosas palabras de origen prerromano. Así, el dominio latino acabó reflejando los espacios de las grandes familias lingüísticas de Europa que, actuando como sustrato, compensaron su desplazamiento mediante una impronta superviviente en todos los planos de la lengua latina, desde la pronunciación al vocabulario. Y desde el latín la heredaron las lenguas romances, que la conservan celosamente sin que los hablantes suelan conocer la gran historia que acarrean consigo. Algunos vocablos del español, de origen incierto, son incluso anteriores a la romanización: barro, charco, galápago, manteca o perro. De apariencia ibérica son álamo, garza, puerco o toro. Y a través del latín llegaron los celtismos que derivaron en voces como camisa, carro, carpintero ‘el que hace carros’, brío o vasallo, junto a cerveza, cuya documentación más antigua en español es de 1540. Probablemente la razón de un testimonio tan tardío esté en que la cerveza no había sido bebida corriente en Castilla. De hecho, las biblias medievales en romance se referían más a la «sidra», que, en la época, no significaba necesariamente bebida alcohólica de manzana, sino bebida alcohólica fuerte.

Por último, resulta interesante comprobar cómo la cerveza permite dividir el mapa lingüístico de Europa en dos bloques: uno minoritario, usuario de cerveza y sus variantes; y otro mayoritario, que prefiere Bier, beer, bière o birra. El origen de estas voces del alemán, el inglés, el francés o el italiano pudo estar bien en la raíz germánica beuwo- ‘cebada’, bien en la palabra latina BIBER ‘bebida, brebaje’. Eso sí, resulta paradójico que Francia, tierra de celtas, haya preferido bière a cervoise y que en España, tierra de cerveza, esté ganando terreno el italianismo birra, al menos entre los jóvenes. Y es que las transferencias entre lenguas son muy antiguas, pero siguen siendo un fenómeno vivo de consecuencias siempre sorprendentes.

Instituto Cervantes 

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