EL BÚNKER DEL ARTE
#RetabloDePlegarias
Fedosy Santaella
Llegar al Museo de Arte Contemporáneo Sofía Ímber tenía, no sé, algo de caminata secreta, de paredes de concreto que, por arte mágico, se abrían y se cerraban a tu paso. Era uno de los museos más importantes y sonados de Caracas, pero visitarlo no dejaba de tener algo de ruta para conocedores que terminaba en un templo arquitectónico situado en alguna parte de aquel complejo de esquinas y pasillos infinitos que era Parque Central. Llegabas, de algún modo, a un lugar protegido del mal del mundo.
Nicolás Sidorkovs, nacido en Riga en 1948, fue quien trazó el diseño de aquel búnker, quien pensó sus materiales y su estilo con influencia brutalista de hormigón, hierro y vidrio reforzado. Aquel edificio nació sí, en los grandes tiempos, con el padre rico que estaba dispuesto a darnos la modernidad y a brindarnos una inmensa sensación de diversidad cosmopolita. Nuestro capitalismo más cercano nunca dejó de ser arrai-gadamente paternalista. Con todo, no cabe duda de que en aquellos tiempos el Estado petrolero quiso sentirse y hacernos sentir a la altura de un mundo que avanzaba. Nos trajo lo más moderno del arte, nos lo puso allí, en un edificio crudo, pesado, en un edificio que era laberinto y era elefante y era poder de un Estado que soñaba la modernidad.
En el MACCSI la forma se despoja de los adornos (porque sigue siendo en tiempo presente, a pesar de haber perdido mucho de lo que fue) y se centra en lo funcional y en el atractivo de lo que queda al desnudo: las paredes crudas, las tuberías expuestas. Hay cierta belleza en aquel laconismo, pero más que nada el lugar está diseñado para centrar la mirada en las obras expuestas. Es así, el brutalismo proponía una ética social y utilitaria; heredaba, sin duda, ideas de la Bauhaus: la forma siguiendo a la función.
Pensar en un búnker como una estructura brutalista no es descabellado. Recuérdese aquellos refugios y bastiones nazis de la Segunda Guerra que luego quedaron para la memoria imborrable de los que padecieron el horror y luego tuvieron que reconstruir Europa.
Que la obra limpia de hormigón se impusiera en los proyectos de los jóvenes arquitectos que inauguraron aquel brutalismo posterior a la Segunda Guerra fue quizás un modo de sacarse los demonios del nazismo, de apoderarse del dolor de la guerra y transformarlo en futuro. El MACCSI, desde la tradición de la modernidad, es deudor de aquellas ideas que, paradójicamente, terminaron siendo, en Venezuela, las de una democracia paternalista, de un Estado todo poderoso que, sin embargo, nos imaginó con un porvenir cosmopolita.
Recuerdo que iba con mis padres. Recuerdo haber visto obras de Picasso (en la sala de exposición permanente), de Marisol, de Centeno Vallenilla, Alejandro Otero, Carlos Cruz-Diez, Henry Moore, Man Ray…
Recuerdo haber ido una vez con una novia. Era una chica hermosa y llamativa. Usaba faldas cortas y tenía hermosísimas piernas. Su cabello era largo, abundante, un tanto rizado. Recuerdo que ese día me encontré con un primo que tenía siglos sin ver. Era joven, quizás un par de años mayor que yo, pero tenía el cabello cubierto de canas precoces. Me habló de lo increíble que era el museo y yo le presenté a mi novia también increíble.
Eso era la vida en aquel entonces. No sé bien si me explico. El arte. El arte era importante, había tiempo para disfrutarlo. Querías conocer, saber, pasear con tu novia por los museos. Querías ver y que te vieran disfrutando del arte. Querías ser un ciudadano del mundo y de la gran ciudad que entonces era Caracas.
Sí, eso era la vida en aquel entonces. ✹
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