DERRAMAR VINO
Lo malo y lo bueno
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Por Charlie López
En Grecia y Roma de la Antigüedad, se relacionaba al vino con los dioses Dionisio y Baco, asociados a su vez con la alegría y la fertilidad. Recuérdese, por otra parte, que el primer milagro de Jesús, de acuerdo con el relato del Evangelio de Juan, fue convertir el contenido de seis tinajas llenas de agua en vino; además se lo considera sagrado por representar la sangre de Cristo durante la Eucaristía.
Entre las supersticiones positivas, una de las más populares sostiene que el vino derramado sobre la mesa augura buena suerte y prosperidad, sobre todo si se moja el dedo índice sobre el líquido esparcido y se hace la señal de la cruz en la frente de los comensales a la vez que se dice “¡Alegría! ¡Alegría!”.
Hay quienes pasan el dedo mojado detrás de la oreja del responsable y los demás asistentes, aunque otros sostienen que esto último solo se aplica cuando se trata de champagne y obedece a la similitud que existe entre el lóbulo de la oreja y la primera etapa del embrión.
Al beber vino, o cualquier otra bebida con la que se improvise un brindis, es de buena ventura no cruzar las copas e imprescindible mirarse a los ojos. Quienes no lo hagan pueden sufrir algún tipo de desgracia, sobre todo en su vida amorosa.
Por otra parte, los supersticiosos consideran un mal presagio apoyar el vino sobre la cama o brindar con agua debido a que, según la mitología griega, en el inframundo los muertos bebían agua en lugar de vino.
En la Edad Media, servir vino con la mano izquierda era considerado una falta de respeto o una señal de traición dado que la sinistra (“izquierda”, en latín) estaba relacionada con el demonio.
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