Conversación casual en un carro
Por Iván Loscher
#IndiosincraciaPura
Era esa hora intrascendente, cuando las peluqueras se peinan unas a otras por falta de clientela en el salón, o cuando ciertas palomas de algunas plazas piensan que ya están satisfechas de comer cuanta vaina consiguen en el suelo, cerca de la estatua de algún prócer memorable, y se suben al palomar o a un árbol cualquiera, sólo porque les aburre arrejuntarse como puedan en su propiedad horizontal de interés social.
O sea, serían como las 10:13 minutos de la mañana.
-¿Cómo será tener una novia japonesa?
Me volteé para verlo, bajo riesgo de nuestras vidas, pues cuando manejo fijo la vista en la calle, como quien asume una enorme responsabilidad. ¡Qué sé yo!: llevar viejitas de Cuba a Miami en una balsa a punto se zozobrar y eludiendo la guardia costera de ambos países, con la vista fija en el mar de lontananza, sin descuidar el que nos circunda en lo inmediato, ¡no sea vaina que se acerquen tiburones!, por poner un ejemplo gráfico y heroico por demás...
-¿Cómo es la vaina?
-¿Que cómo será tener una novia japonesa? -me volvió a preguntar.
-¡Qué sé yo!... debe ser el mismo peo, pero en otro idioma.
-¿Tú no has tenido una novia japonesa?
-No -le respondí en el mejor estilo de Clint Eastwood cuando quiere ahorrarse palabras o parte del sueldo de su guionista... En todo caso, «breve como amor de cortesana».
-¿Y una esposa?
-Si no he tenido novia japonesa, mucho menos esposa japonesa.
-¿Sabes?, al parecer una cosa es consecuencia de la otra. O sea primero te haces novio de la japonesa y luego si todo marcha bien, te casas... O sea, pasas primero por GO y después cobras los 200, no a la inversa. -Le aclaré.
-¿Desde cuándo no juegas Monopolio?
-¿Tú me estás vacilando o meramente jodiendo un rato para matar el tiempo?
-Bueno, volviendo a lo de la japonesa. En serio, cómo será tener una novia oriental, pues, para ampliar más el rango de referencia.
-He sabido de gente que se opera los ojos y le va bien -Sentencié.
-¿¡En serio!?
-Opérate los ojos a ver qué pasa.
-Ni de vaina. Prefiero ver si me la levanto así.
-Entonces, empieza al menos por meterte la camisa dentro del pantalón.
-¡Es una guayabera! -me explicó.
-Entonces, ¡te jodiste! A las japonesas no les gustan los tipos con guayaberas.
-¿Y esa vaina?
-Esa vaina son vainas de japonesas, campeón.
-¿Y?
-¿Y, qué?
-Pero, a mí me gustan mis guayaberas.
-Entonces, cásate con una guayabera o levántate una cubana. Ahora que las relaciones bilaterales están tan bien, consigue una beca y te vas a hacer un curso de algo allá.
-¿Y tú crees que con las guayaberas me levanto a una cubana?
-Bueno, con las guayaberas y algo más: simpatía, glamour... en fin... Pero las guayaberas son indispensables.
-¡Coño! Lo voy a pensar. -Me dijo y se quedó ciertamente como pensándolo.
No aguantó mucho.
-¿Y tú no crees que, más bien, a las japonesas les puedo parecer exótico con mis guayaberas?
-Exótico, no sé. Tal vez, un poco costumbrista caribeño.
-Bueno, costumbrista caribeño no es malo tampoco.
Siguió en sus cavilaciones, como los pitchers que tienen a un Barry Bonds en tres y dos y se preguntan «¿Y ahora qué carajo le lanzo?».
Cuando supo qué lanzarle a Barry Bonds, se impulsó en la lomita y vino hacia Home.
-¿Cómo es que se llama tu agente viajera?
-Paola Ruggeri.
-Llámala y pregúntale cuánto me vale un pasaje a Japón.
-Llámala tú. No voy a estar jodiendo a Paola por una loquetera tuya.
Eso fue como hace tres meses.
Aquella mañana se bajó del carro, siguió su camino a pie, y no supe de él hasta hoy.
De hecho aquí tengo su mail y una foto.
Está con una guayabera amarillo chillón habitada por tucanes y guacamayas en estado salvaje, y a su lado... ¿imaginen qué...? una japonesa bien buena que lo abraza mientras le besa el cachete en una calle de Tokio.
La leyenda que acompaña la foto dice: «Tú no sabes un coño de japonesas».
Dᴇʟ ʟɪʙʀᴏ: "Eʟʟᴀ ᴇʀᴀ ᴛᴀɴ ʙᴇʟʟᴀ ϙᴜᴇ ʟᴇᴠᴀɴᴛᴀʙᴀ sᴏsᴘᴇᴄʜᴀs"
🅕🅘🅝
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