𝘾𝙤𝙩𝙤𝙧𝙧𝙖

DIALOGO TERAPEUTICO CON MI PSICOANALISTA 
El Sádico Ilustrado, N°6. 
Caracas, 18-11-1975.

Por Rubén Monasterios 

Yo. Doctor, me siento muy triste y deprimido porque se me murió mi cotorra.

Psc. ¡Ajá! Hábleme de su madre.

Yo. ¿Pero qué tiene que ver...?

Psc. ¡Vamos! No evada el núcleo de su trauma psíquico. ¡De una vez, hábleme de su madre!

Yo. Bueno, yo la quería mucho...

Psc. ¿Se da cuenta? Trabajemos sobre ese sentimiento que usted acaba de expresar. Usted quería a su madre, es decir, la deseaba.

Yo. ¿Qué yo...?

Psc. La deseaba libidinosamente... ¡Cada vez que la veía sentía sudores fríos, temblores, se retorcía de placer insatisfecho!

Yo. ¡Es verdad!

Psc. Usted, ¡perverso polimorfo!, sentía una arrebatadora pasión por su propia madre.

Yo. ¡Sí!

Psc. ¿La besó alguna vez?

Yo. Sí...

Psc. ¡He ahí la evidencia! ¿Y qué sintió?

Yo. Sudores fríos, temblores en todo el cuerpo... ¡Ay!

Psc. ¡Perfecto, perfecto! Vamos bien encaminados... ¿Hasta qué edad lo amamantó su mamá?

Yo. Hasta los treinta y dos años.

Psc. ¡Ajá! Lactancia inusualmente prolongada. Debo suponer, entonces, que usted está oralmente satisfecho. ¿Y por qué dejó de amamantarlo?

Yo. Porque mi papa protestó.

Psc. ¡Claro! Aunque un poco tardíamente, al fin comprendió que usted estaba ya demasiado grande para seguir mamando.

Yo. No, si no fue por eso. Fue porque no le dejaba nada.

Psc. Síntoma evidente de egoísmo de parte suya.

Yo. ¡Ay, la quería tanto...!

Psc. ¿A su mamá?

Yo. No, a mi cotorra.

Psc. Desde luego, usted odiaba a su papá.

Yo. ¡Lo odiaba! ¡Lo odiaba! Era un monstruo...

Psc. Dígame una cosa: ¿Se siente cómodo en esa silla?

Yo. Sí.

Psc. No obstante, esa silla tiene una protuberancia en todo el centro del asiento.

Yo. ¡Oh! No lo había notado.

Psc. ¡Mentiroso!

Yo. Bueno... ¡Je, je! La verdad es que sí lo había notado.

Psc. ¡Claro! Si se le ve en la cara que usted es un individuo analmente insatisfecho.

Yo. No, no... A pesar de todo, del ano me siento muy bien. Lo que me pasa es que estoy demasiado deprimido por la muerte de mi cotorra.

Psc. Cotorra... ave... ¡pájaro! ¡Aquí se levanta un símbolo fálico! ¡Usted sufre de Obsesión Inconsciente por el Falo!

Yo. ¡Qué horror! Doctor, ¿y cómo se cura eso?

Psc. Pagándome mis honorarios profesionales y haciendo unas gárgaras con una cosa que le voy a recetar.

Yo. ¿Y eso es todo lo que tengo, doctor?

Psc. No, no... Su problema es un poquito más complicado, pero nada verdaderamente grave... Su diagnóstico está muy claro.

Yo. ¿Cuál es, doctor?

Psc. Usted tiene una fijación del subdesarrollo de su líbido en la fase anal, combinada con un Complejo de Edipo originado por la represión del odio y de los deseos destructivos hacia su padre; todos estos instintos han podido ser sublimados, no obstante, y se han transfigurado en la forma de un amor patológico y morboso hacia la cotorra -un símbolo fálico muy obvio-, cuya reciente muerte activó los contenidos inconscientes de su personalidad, o sea, de su ello. Dicho de una manera más sencilla y comprensible: Usted, amigo mío, es marico.

Yo. ¡Ah! Ahora, por fin, entiendo... ¿Será por eso que me gusta llevar estas flores trenzadas por el pelo y usar calzonciIlos con encajes y madroños?

Psc. ¡Oh! Es probable que exista alguna relación inconsciente. Dígame una cosa: Ahora que hemos descubierto el mero núcleo de sus traumas psíquicos, ¿se siente mejor?

Yo. No, doctor, ¡qué va! ¡Me siento peor! Ahora quiero suicidarme.

Psc. ¡Ay, caray! Entonces, mejor vamos a hablar de esa cotorra...

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