PROFITEROLS

Por Julio Miranda 
—Te traje profiterols.
—Ay, yo te lo agradezco, pero mira, no estoy comiendo nada.
—No, eso se ve, ¡estás flaquísima, niña! Pero no puedes seguir así.
—No tengo apetito, chica.
—Pero, bueno, ihasta cuándo vas a guardar luto por el huevón ese, eh!
—Yo no sé si es por él...
—¡Ah, no! Será por la extinción de los chigüires, ¿verdad? —Chica, no hagas bromas.
—Estás flaquísima, Mayra. Y ojerosa. Y pálida. ¿No quieres ir a la playa con nosotras, este domingo?
—No tengo ganas de nada, de verdad.
—¡Ya lo sé! Pero tienes que superarlo, ¿no? Mayra, el mundo está lleno de hombres, están buenísimos! —Ay, chica, cállate.
—Di algo.
—Me dijiste que me callara...
—¡NO seas así, mi amiga!
—Llora, pues, llora. ¡Ah! ¡Qué pérdida!
—¿Te vas a seguir burlando?
—Pero, de veras, de veras de veras de veras, ¿tú no sabes que el coñoemadre ese se acostaba con medio mundo? ¿Que te tenía aquí encerrada, como el propio Hamlet o Macbeth o lo que fuera, Otelo, eso, mientras se tiraba a tus amigas?
—No digas eso, chica.
—¡Ah, pues!
—¿Te cogió a ti, eh, te cogió a ti?
—Porque yo no quise, niña, que si lo dejo me viola en tu propia casa...
—¡Aquí!
—Sí, aquí... En tu cumpleaños... ¿No te acuerdas...?
—¿... que él me llevó al cuarto y que a ver los regalos...? —¿En mi cumpleaños?
—En tu cumpleaños. Y que a ver los regalos. Y me tiró en la cama de un empujón...
—¡En mi cumpleaños!
—En tu cumpleaños. ¿No te acuerdas que yo volví con el vestido arrugado, el vestido blanco ese, el de las flores? ¿Y toda roja que estaba, que me tuve que echar agua en la cara? ¡Coñoesumadre!
—La verdad, no me acuerdo.
—Tú morirás pendeja, niña, perdona que te lo diga.
—¿Con mis amigas, dices?
—Con las que pudo, claro...
—¿Con quién?
—Bueno... mira, tampoco soy detective.
—Tú estás inventando, para levantarme la moral.
—Créetelo, Mayra, créete lo que tú quieras. Pero, para mí, deberías alegrarte de que se haya ido, ¿sabes?
—No me alegro.
—Tú como que todavía lo quieres...
—Lo quiero, ¡lo quiero, coño!
—¿Y si vuelve, eh? ¿Si abres ahora la puerta y ahí está él, el propio coñoemadre de nuevo, con su carita de yonofuí, eh? —Me derrumbo, chama. Me derrumbo.
—Bueno, vamos a comernos los profiterols ahorita mismo, carajo, porque eres capaz de guardarle la mitad, so pendeja!

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