LOS VEINTISIETE DE ARABEL
Por Rubén Díaz Caviedes
Se había convertido en espía de una forma muy sencilla: llamando a la puerta de la embajada alemana en Madrid y ofreciendo sus servicios al Tercer Reich. Su nombre en clave era Arabel. Luego se había instalado en Londres y había comenzado a captar colaboradores: un comunista griego, dos fascistas venezolanos, varios nacionalistas galeses, un gibraltareño llamado a filas… No eran todos germanófilos, pero eso daba igual: cada uno tenía su propia razón para sentirse enemigo de Inglaterra. En 1942, Arabel ya contaba con veintiséis informadores repartidos por todo el país. Fue la red de espionaje más solvente que los nazis tuvieron en suelo británico durante la Segunda Guerra Mundial.
El 5 de junio de 1944, un día antes del Día D, Arabel advirtió a Berlín de que un contingente aliado se disponía a desembarcar en Normandía. Y había averiguado algo más: se trataba de un señuelo. Según sus colaboradores, el grueso del ejército aliado permanecía acuartelado en Dover, incluyendo las divisiones aerotransportadas y la FUSAG (First United States Army Group), un cuerpo de élite creado específicamente para la invasión de Europa. La batalla en Normandía era una estratagema para hacer que los nazis concentraran sus efectivos allí y dejaran desprotegido el verdadero lugar del desembarco, que tendría lugar días después: la ciudad francesa de Calais, frente a las costas de Dover.
Siguiendo su consejo, los nazis no mordieron el anzuelo. Erwin Rommel, el mariscal de campo encargado de defender Normandía, ni siquiera se encontraba allí la mañana del 6 de junio: estaba de permiso en Ulm, a ochocientos kilómetros de distancia, celebrando el cumpleaños de su esposa. Adolf Hitler, en su residencia veraniega, tampoco le dio importancia. Se levantó a las once de la mañana, desayunó con tranquilidad y luego ordenó que ningún destacamento alemán desplegado en la costa atlántica abandonase su posición para repeler a los aliados en Normandía.
El 29 de julio de 1944 los alemanes impusieron a Arabel la Cruz de Hierro del Tercer Reich. Para entonces, los aliados ya estaban a las puertas de París. Muchos miembros del generalato nazi todavía esperaban un ataque sobre Calais y no comprendían que el Desembarco, con mayúsculas, ya había ocurrido. Todo había sido un engaño monumental, la operación Fortitude, para hacerles creer que el desembarco no tendría lugar en Normandía. Tampoco sabían todavía que Arabel no les había dicho una sola verdad desde el día que llamó a su puerta en Madrid. Ni que sus veintiséis agentes e informadores no existían: todos se los había inventado él. Era un espía doble al servicio del MI5 británico. Años más tarde, se convirtió en la única persona condecorada por ambos bandos en la Segunda Guerra Mundial. Se llamaba Juan Pujol García, pero los ingleses le pusieron su propio alias: Garbo, en honor a Greta Garbo. Considerando sus dotes como actor, era el único nombre que le hacía justicia.
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