EN LA PISCINA DEL HOTEL TAMANACO
#RetabloDePlegarias
Fedosy Santaella
No sé cómo llegamos allá. Fue con los amigos de la universidad. Creo que la primera vez no llevó Luz Elena. Andaríamos por el segundo año de Letras. Era quizás 1989. Yo andaba en un Chevette verde poceta.
Montaba a todos mis amigos y nos íbamos a dar vueltas por ahí. Un día paramos en El Hotel Tamanaco, en su piscina, en la barra de su piscina.
No lo sabíamos, pero en el InterContinental Tamanaco coincidían una cantidad de líneas de modernidad fundamentales. Por un lado, estaba el proyecto de hoteles americanos de Pan Am y Juan Trippe, y por otro, la casa de arquitectura Holabird, Root & Burgee.
Los hoteles InterContinental eran lo que el presidente de Pan American Airlines consideraba modelos de hoteles americanos. La idea, nacida, según se cuenta, de una conversación en la Casa Blanca entre Franklin Delano Roosevelt y Juan Trippe, buscaba llevar hacia Latinoamérica la inversión y el turismo norteamericano. La mejor manera de hacerlo: que el ciudadano estadounidense se sintiera en casa; pero en una, cabe decir, lujosa, donde se hablara inglés y se sirviera comida de su tierra, empezando, por supuesto, por hamburguesas y Coca-cola, que no son tan de lujo, pero son alimento y bebida sabrosa.
Recuérdese que estamos hablando de mediados del siglo XX, de una época posterior a la Segunda Guerra.
Latinoamérica era entonces una región virgen para la gran nación del norte. Alguno, que no falta, dirá que se trataba de un proyecto imperialista y todo un aburrido etcétera revolucionario. Era sí, un proyecto económico, capitalista, cosmopolita y de la modernidad.
En 1946 se inauguró el primer hotel InterContinental en Belém de Pará, Brasil. Siete años después, en di-ciembre de 1953, el Tamanaco. Para entonces, estaba en el poder Marcos Pérez Jiménez.
En segundo lugar, tenemos la casa de arquitectura Holabird, Root y Burgee, asociada en el país con Gustavo Guinand. Esta casa fue fundada en Chicago a finales del siglo XIX y formó parte fundamental de la escuela de Chicago que trajo los rascacielos y las inobjetables ventanas corridas e incluso los muros cortina. La Holabird & Roche (como se identificaba la firma para 1883) diseñó, entre otros edificios icónicos, el Chicago Savings Bank Building, con sus ventanas corridas, sus típicos miradores y los revestimientos de terracota.
No es poca la influencia que tuvo la escuela de Chicago en otras grandes ciudades de Estados Unidos, y no es poca su herencia en las escuelas de arquitectura que vinieron después.
Atravesar el lobby del Tamanaco era darle sentido a nuestra juventud, a nuestro orgullo de vivir en una ciudad que se nos abría, que se ofrecía con esplendor y multiplicidad de lugares y formas del mundo. Éramos rebeldes y despreocupados, sentados allí en la barra junto a la piscina, tan libres como libre era el trazado de aquella alberca, una gran línea que se cerraba (se cierra) sobre sí misma en cuatro grandes ondas que parecen disfrutar, dejarse llevar por el agua que la contiene. La piscina del Hotel Tamanaco es una clara muestra del estilo Free Form en la ciudad de Caracas.
Y yo estaba allí, con mis amigos, en la barra, tomando cerveza al caer la tarde y en vía hacia una noche fresca, con el cerro El Ávila al fondo, haciéndose más enorme con la noche, más enigmático, pero al mismo tiempo manto protector. Éramos jóvenes y vivíamos en una ciudad intercontinental, internacional, cosmopolita, cósmica, intergaláctica. Y disculpen la exageración, pero así era Caracas en aquel entonces. ✹
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