BOLOS, BOLAS Y RAQUETAS

Por Daniel Balmaceda 

“Esparcir”, “dispersar” y “aspersor” son tres palabras que están relacionadas. Todas dan la idea de una separación que se realiza en el mismo momento, pero en distintos sentidos. Por eso, la actividad que realizaban los ejércitos romanos cuando rompían filas y disponían de tiempo libre se llamó esparcimiento. Hoy vinculamos ese término con las horas más deseadas, aquellas que están fuera de las obligaciones, en las que hacemos lo que nos gusta y nos da satisfacción. Por ejemplo, los deportes y los juegos.

Son pocos los deportes que fueron creados específicamente. Un caso es el básquet, ideado por un profesor de Educación Física, James Naismith, en la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) de Springfield, Massachusetts. Lo inventó durante el año 1891 porque el equipo de fútbol americano que él preparaba podía entrenar poco y nada debido a las constantes nevadas. Hay otros ejemplos por el estilo, pero por lo general los deportes comenzaron siendo meros juegos. Algunos eran muy exclusivos, otros más populares. Es el caso del tenis, por un lado, y el bowling y las bochas, por el otro.

Si bien con el tenis pueden encontrarse rastros más lejanos, la práctica del juego con raqueta y condiciones más o menos similares a las de hoy data del siglo XVI. Se practicaba en las cortes y tuvo entre sus muchos reyes fanáticos al muy casamentero Enrique VIII.

La palabra “tenis” proviene del grito que se hacía cuando la pelota era lanzada al sacar: “¡Tenez!”, voz de origen francés equivalente a “¡Ahí va!”, “¡Tenga!”. De todas maneras, no se trataba de un grito lanzado por el jugador sino por el sirviente, quien además tenía que encargarse de lanzar la pelota al campo contrario para iniciar el juego. Ese es el motivo por el cual se le dice “servicio” al saque.

También deuce (el empate a partir de estar 40-40 en un turno de saque) tuvo su origen en el francés. El que estaba “a punto” de perder, pero lograba vencer en esa jugada y superar el peligro, gritaba “a deux” (a dos) para indicarle a su contrincante que ya no le alcanzaría un solo servicio para ganar, sino que ambos quedaban a dos.

Acerca del origen de estas palabras que hemos comentado, se han planteado diferentes hipótesis, pero la mayoría concuerda en que estas serían las más precisas. Respecto del extraño sistema de puntuación, es muy clara la idea de separar el valor del juego o game para que no se genere ningún tipo de confusiones con la anotación de los puntos individuales. Como se necesitaban cuatro servicios ganados para sumar cada punto, se optó por imaginar un reloj: el primer servicio conseguido sería quince, el segundo treinta, el tercero 45, mientras que el cuarto completaba el punto.

Cuando el umpire comenzó a anunciar en voz alta el marcador, se comprendió que no era necesario decir toda la palabra “cuarenta y cinco” (forty five en inglés, quarante-cinq en francés), sino que bastaba con gritar “cuarenta” (forty y quarante). El umpire es el árbitro del tenis. Debe ser imparcial, “no estar a la par” de ninguno de los competidores. El latín dio las palabras non-par (sin par) que en francés antiguo fue noumpere, luego transformado en umpire.

En Buenos Aires este deporte empezó a practicarse a fines de siglo XIX. Las primeras canchas del Buenos Aires Lawn Tennis (lawn significa “césped”) se construyeron en 1892, en Vicente López y Ayacucho, en el barrio de Recoleta. El club alcanzó los quinientos socios en 1912. Si bien desde sus comienzos participaron mujeres, una nota publicada por el diario La Razón en 1921 aseguraba que muchas señoritas se inscribían en los clubes de tenis para conseguir novio.

La historia del bowling en nuestra tierra fue muy diferente. En tiempos del virreinato había dos juegos masivos: las bolas y los bolos. Las bolas eran las bochas, mientras que bolos fue la manera de nombrar un bowling especial, en el que se buscaba derribar la mayor cantidad de palos, que no eran diez sino cincuenta. Por las apuestas y las peleas que generaba, terminó prohibido. Dejó de jugarse, pasó al olvido y recién regresó al país —con las reglas actuales— en 1919, cuando el tenis ya era un deporte muy conocido. Apenas un puñado de extranjeros se dedicaba al juego de derribar pinos de madera hasta que alrededor de 1927 se instalaron canchas en bares. Las primeras se habilitaron en el sótano de la confitería Richmond, en Florida y Corrientes. La antigua denominación, bolos, no logró reinstalarse. Pasó a llamarse bowling.

Como dijimos, este entretenimiento había desaparecido por las prohibiciones en tiempo del virreinato. Pero el juego de las bolas, es decir las bochas, había seguido jugándose en todo el territorio, desde Buenos Aires hasta Lima y de Santiago de Chile a Asunción y Montevideo.

Las canchas se instalaban al costado de las pulperías, pero también fue una actividad de puertas adentro, como el básquet. Porque los días en que el tiempo no acompañaba, los fanáticos del juego y de las apuestas improvisaban una cancha dentro del rancho, con la autorización del pulpero que sabía que los ganadores celebrarían y el verdadero beneficiado sería él.

En este juego, lo primero que se hace es lanzar una bocha pequeña para que sea tomada como objetivo. Gana quien logre arrimar su bocha lo más cerca posible de la pequeña, llamada bochín y boliche (diminutivos de bocha y bola). La frase “arrimar el bochín”, que en realidad debería ser “arrimar al bochín”, era la acción de acercarse a una mujer, de abordarla con intenciones de seducción. Luego se sumó otro concepto: se arrima el bochín cuando se aporta una idea que se aproxima a la solución buscada.

Por otra parte, el diminutivo boliche se usó para nombrar al juego. Después fue el término para referirse a la pulpería. Pero, además, como en esos lugares también se organizaban bailes, la palabra se mantuvo para señalar el lugar donde se baila. ¿Adónde vamos a bailar? Al boliche.

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