19 de junio, 2016 «Pensar la transición»
El Papel Literario de El Nacional comienza la publicación de una serie propuesta por Nelson Rivera con el título «Pensar la transición». A la pregunta acerca de lo que veo y siento esta es mi primera respuesta:
«Veo un Estado fallido y una sociedad anómica. Veo a cientos de miles de personas buscando soluciones individuales a situaciones que no tienen respuestas institucionales. Veo a una población abandonada a sí misma, al saqueo, el linchamiento, los crímenes horrendos, la penuria. Veo a un país que marcha hacia la barbarie y el exilio si nada detiene el estado de cosas.»
Como puede deducirse, la lejana e infundada esperanza ha dado paso a otro estado de ánimo. La necesidad de adaptar diferentes emociones y pensamientos al ritmo de las circunstancias ha sido un ejercicio constante durante estos años. Exige flexibilidad, movilidad psíquica, rapidez. No siempre se logra y no todo el mundo lo puede hacer. En ese sentido me siento orgullosa de mi capacidad para la gimnasia mental. No doy por definitiva ninguna situación.
Otra pregunta del cuestionario:
«El tema del posible papel de los intelectuales en la vida pública sigue siendo debatido. ¿Cómo valora usted la actuación, en términos generales, de los intelectuales en los últimos años? ¿De qué modo, si es que ha ocurrido, ha impactado la polarización en la actividad de los intelectuales en Venezuela?»
Respondo:
«Partimos de la noción de que hace ya mucho tiempo (y en todas partes) que los intelectuales no están en la vanguardia de las ideas, por razones múltiples que excede el marco de este cuestionario explicar. Sin embargo, en Venezuela y en estos años, los intelectuales han tenido una presencia muy notoria, especialmente entre 1999 y 2005, años en que la sociedad civil fue protagónica de las luchas políticas. Un somero pasaje por la prensa de esos años da cuenta de esto, además de la notable cantidad de libros que se han publicado en materias políticas y temas sociales en general. Una enorme producción, que además logró captar el interés de la gente como nunca antes. Por supuesto, los intelectuales han hablado y pensado (no sabemos hacer otra cosa) desde distintos puntos de vista, según sus convicciones políticas e ideológicas, y en ese sentido la comunidad intelectual se ha dividido según sus preferencias.»
Insiste el cuestionario:
«Una última pregunta: ¿tienen los intelectuales alguna asignatura pendiente con el país? ¿Falta alguna contribución decisiva?»
Y yo también:
«Creo que no tenemos asignaturas pendientes, creo que hemos hecho todo lo posible por explicar y pensar en beneficio de iluminar las cosas, e incluso en algunos momentos de este largo período hemos dado visibilidad con nuestro nombre y nuestra presencia a la oposición al régimen que, aun disminuido, sigue en pie. ¿Hay algo más que pedirle a Manuel Caballero, a Simón Alberto Consalvi, a Eugenio Montejo, a Antonio Cova, a Pedro León Zapata, a Michaelle Ascencio, a Heinz Sonntag, por mencionar solo a algunos de los que se fueron?»
Ana Teresa Torres
Diario en ruinas
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