INSTAGRAM (Y) EL MONSTRUO

Fedosy Santaella

#RetabloDePlegarias 

Sí, ya sé cuán terrible es el monstruo o los monstruos del algoritmo corporativo que quieren tus datos y tus gustos para venderte publicidad y para vender tus datos a los poderosos, etcétera. Pero, en mi caso, Instagram se me ha convertido en una forma de mirar. 

Con mi teléfono celular e Instagram cambio la mirada hacia, reenfoco, me salgo del espacio habitual, y llevo de nuevo mis ojos y el mínimo lente de mi cámara de celular hacia la poesía de las cosas, o lo que yo creo que es la poesía de las cosas. No soy un fotógrafo profesional, en lo absoluto. Sólo fotografío lo que me va llamando la atención. Principalmente lugares y objetos. Sólo dejo que la foto sea, después le pongo algún título, que dependerá del momento que atravieso. En las horas más aciagas de 2017, le tomé fotos a los candados que me iba encontrado por la calle. Un candado en unas rejas verdes, título: «Esperanza y opresión». 

Un candando en un portón de caseta eléctrica pintada de blanco, título: «Inocencia y tiranía». A partir de una foto puede que surja un conjunto, o sólo una foto. 

Voy sin urgencias en Instagram. Es un espacio zen, un espacio de calma. Acá, ensalcemos al voyerismo, sólo me importa mirar. Pero mirar no es un simple acto de consumismo, como algunos ya califican la mirada en las redes. Ese mirar me trasvasa, va hacia lo interno, mineraliza las tensiones, las penas, calma. 

Hace poco uno de esos sabios de Facebook montó carpa en Instagram. Empezó a subir sus videos de críticas políticas y cinematográficas intensas. La plaga, me dije, llegó la plaga a mi remanso. Por suerte, no tuvo el público que buscaba. Sus apasionados están en Facebook. Así que Instagram sigue siendo mi escape. Sigo cuentas de pin-ups, de suicide girls, cuentas que le rinden culto a la barba y a los carros antiguos (sólo a los carros antiguos), cuentas de modelos rusas y modelos de medidas gruesas, cuentas de artistas plásticos y fotógrafos y dibujantes y tatuadores, cuentas de arquitectos, cuentas dedicadas a mostrar arte. Si usted es frívolo tendrá un Instagram frívolo. 

Si a usted le gusta el arte, tendrá un Instagram regado de arte, como un buen vino riega una buena comida. 

Si usted quiere ver hermosas mujeres y también arte, también puede hacerlo, nada se lo impide ni tampoco las personas somos unidimensionales. 

Aquel monstruo terrible corporativo que sólo quiere venderte publicidad y espiarte con fines oscuros no me ha impedido usar mi cuenta para bajarme por un rato del vértigo del mundo y simplemente mirar y aprender un poco, deleitarme e incluso cosificarme en las representaciones (perdón por el momento hípster millenial). 

Sí, ya sé cuán terrible son estos monstruos. Pero el monstruo no es más que un espejo. Instagram es mi espejo, y también una de mis ventanas. ✹

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