Dolores Ibárruri, La Pasionaria, la viuda roja que cantaba himnos desde el exilio soviético

Por Cuba con H de Ortografía 

Esa agitadora incansable del comunismo ibérico, Dolores Ibárruri, conocida como La Pasionaria, encarnó como pocas el rostro hipócrita de la izquierda totalitaria. Una oradora fogosa que enviaba a otros a morir mientras ella se cobijaba bajo el ala protectora del criminal de Stalin.

Nacida el 9 de diciembre de 1895 en Gallarta, Vizcaya, se unió al Partido Comunista de España en los años 20 y escaló rápido gracias a su verbo incendiario. Durante la Guerra Civil de 1936-1939 se convirtió en símbolo republicano con frases como «No pasarán» y «Mejor morir de pie que vivir de rodillas». Pero detrás de la retórica revolucionaria, la izquierda siempre defendió el cuento romántico mientras ocultaba las purgas internas contra trotskistas y anarquistas, a quienes ella misma tildaba de «enemigo fascista dentro».

Derrotados en 1939, huyó a la Unión Soviética, donde vivió cómodamente durante 38 años. Allí asumió la secretaría general del PCE desde 1942 hasta 1960, dirigiendo desde Moscú un partido que ordenaba sacrificios en España mientras ella disfrutaba de privilegios estalinistas. Su hijo Rubén murió en Stalingrado combatiendo en el Ejército Rojo, pero la viuda roja siguió cobrando pensiones y honores del régimen que devoraba a sus propios adefesios. Tuvo un romance conocido con Francisco Antón, comisario político quince años menor, lo que generó roces internos en el exilio, aunque la maquinaria comunista tapó rápido cualquier fisura moral.

La izquierda mundial la pintó siempre como heroína maternal y antifascista, silenciando su lealtad ciega al estalinismo y su papel en las divisiones que debilitaron la causa republicana. Regresó a España el 13 de mayo de 1977, tras la muerte de Franco, y fue reelegida diputada por Asturias, el mismo sitio que representó en la Segunda República. Hasta su muerte en 1989 se mantuvo como presidenta honoraria del PCE, cobrando la pensión simbólica de la democracia que tanto denostó.

La Pasionaria demostró la esencia del socialismo: predicar sacrificio para las masas mientras los líderes viven del cuento y del amparo de dictadores. Los que siguen mitificándola son los mismos cómplices que, generación tras generación, se tragan el trino idílico sin mirar las tumbas que dejaron atrás. Otra falsedad roja expuesta, otro mito inútil que se derrumba bajo hechos verificados.

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