Necesitamos manual operativo de nosotros mismos
Por Iván Loscher
El gran problema del fenómeno humano es que venimos sin manual de instrucciones para saber cómo operarnos a nosotros mismos, quiero decir: cómo funcionar en la vida.
El acto del bautismo, además de lo que es, debería ser, un legajo que entrega el sacerdote a los padres de la criatura que se bautizará, donde diga algo por el estilo:
«Este niño se llama FULANO DE TAL, tiene dos piernas, dos brazos y una cabeza, además del llamado tronco... Por tanto es humano, aunque también podría ser un monito, pero como deducimos que algún día empezará a hablar, incuestionablemente lo calificamos como humano».
Circunscrito ya el sujeto a una de las especies animales, pasaría el cura en cuestión a entregarle el manual operativo a aquellos que tuvieron a bien dar en concepción esta criatura al mundo: o sea, el padre y la madre que lo parió.
«El niño va a ser torpe, se le nota por la psicomotricidad errática que ha demostrado en la pila bautismal... por tanto no se recomienda para él ningún trabajo manual, sino algo simple... O sea que su labor en la vida, no venga dada por iniciativa propia del ahora niño, sino por DESCARTE.
Y con el término «descarte» no se hace referencia en este manual operativo al filósofo francés, padre del llamado racionalismo moderno.
Lo que se quiere decir con el término es que el ahora niño, una vez hecho hombre, DESCARTE todo trabajo que requiera una compleja interacción entre el cerebro y su motricidad... Puede ser locutor, a secas».
Determinado una vez en la pila bautismal que el niño sea locutor, su única opción en adelante será saber qué tipo de locutor: animador de televisión, locutor hípico, o si le va mal, podría ser voceador de las infinitas bondades de la remolacha a las afueras de un abasto, donde las tienen a muy buen precio, con megáfono en mano, o a voz en cuello si tiene lo que llaman potencial vocal, y un sin fin de otras posibilidades que se abren como abanico hacia el futuro del CHARLATAN PROFESIONAL.
Despachada ya la inquietante pregunta sobre «¿qué seré en la vida?», el niño seguirá, a pies juntillas, las instrucciones operativas que el sacerdote le entregó a los padres.
CON UN MANUAL OPERATIVO DE UNO MISMO, el "uno mismo" en cuestión evitará el pasarse la vida misma haciéndose preguntas acerca de cual será su SÍ MISMO:
¿Quién será mi MÍ MISMO?
¿Cuándo soy yo?
¿Por qué no soy siempre igual?
¿Cómo hago para ser de una sola forma? Por ejemplo:
Opción A: ser serio.
Opción B: ser relajado.
Opción C: simpático.
Opción D: antipático.
Histérico, calmado... y un inmenso catálogo de posibilidades, según el cual, lo humano se define de un solo e inalterable talante, para decirlo en términos griegos.
De hecho, a aquella prédica de Sócrates con el «conócete a ti mismo», se le podría responder con lo que nos dejó Tales de Mileto, también filosofo y presocrático cuando afirmaba que el mayor problema del hombre es «conocerse a sí mismo».
Este inconveniente de conocerse a uno mismo se resuelve, entonces, con EL MANUAL OPERATIVO DE UNO MISMO.
EL MANUAL OPERATIVO DE UNO MISMO tiene además la ventaja, no sólo de arreglarnos la vida a nosotros mismos, sino a los demás.
Debido a que en nuestro proceso infinito de la búsqueda del nosotros mismos, lo que hacemos es joder a los demás, pues buscándonos, invadimos el espacio de los otros y, por ende, su propia búsqueda, con EL MANUAL OPERATIVO DE UNO MISMO nos evitamos, en lo personal, las desviaciones erráticas de nuestro norte existencial y, en lo que respecta al prójimo, sus propias desviaciones.
~•••~
Comentarios
Publicar un comentario