LA HACHE NO ES MUDA

Por Daniel Balmaceda 

¿Hacía falta un título tan definitivo para hablar de una letra que ya hemos escrito tres veces en esta oración y sigue sin mostrar signos audibles? Puede ser que hayamos (4 y paremos de contar) exagerado. Pero vamos a ver que no es tan muda como parece. Y si no es tan muda, entonces no es muda.

En la lengua inglesa tiene efectos especiales, entre ellos, el de suavizar muchísimo la T (brother, they, thing), transformar la P en F (pharmacy, graphic) o la S en una especie de Y (friendship, shoes).
Además, como letra inicial se convierte en J (hamster, Hollywood, hobby). En la lengua italiana no hay palabras que empiecen con H. Ellos escriben ospedale (hospital), oggi (hoy) y umore (humor).

En idioma español está clara la forma en que cambia la pronunciación de un vocablo cuando va precedida por una C. Pero eso no es todo. La hache no es muda incluso en muchos casos en los que la consideramos muda. Eso ya lo veremos, a medida que contemos la historia de esta curiosa letra.

Lo primero que tenemos que saber acerca de ella es que sus orígenes se remontan al alfabeto griego y al etrusco. Pero, para los romanos, no representaba sonidos habituales. En todo caso, contaban con otros caracteres que la inutilizaron.

La hache en latín comenzó a ser usada en cualquier parte, sin responder a ninguna lógica. Pero los copistas de España le encontraron una utilidad gráfica. Existían claras posibilidades de confundir letras en los textos. Por ejemplo, la U y la V. Aunque hoy pueden diferenciarse mejor, hace más de quinientos años era tarea complicada. Primero, porque tenían la misma forma (V). Pero existía otro problema mayor: ese carácter a veces era vocal y a veces, consonante.

Por lo tanto, si usted se encontraba con el término uevo, podía llegar a leer uevo, veuo, ueuo o vevo. Lo mismo ocurría con ueso o veso. ¿Qué hizo la hache en estos casos? Al aparecer delante de la vocal confusa dejaba en claro que se trataba de una U. Porque si había H, entonces era un hueso, no un hveso.

Este fue uno de los problemas que resolvió la hache. Ahora, le pedimos que lea en silencio o en voz alta lo siguiente: “un huevo”. ¿Lo leyó? Ahora lea: “un huevo” y “un uevo”. Y “un hueso” más “un ueso”. ¿Vio que la hache no era tan muda como parecía?

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