¡Qué lindo es Chávez!
¡Qué lindo es Chávez!
(1998)
Por Roberto Giusti
Ahora resulta que Chávez no es tan malo. Ni un Hussein criollo, ni el Hitler de la llanura sino, a lo más, un simplón de cachucha que se atrevió a hacer lo tradicionalmente venezolano, tirar una parada para cogerse el poder a punta de plomo; y que ahora, a merced del efecto retardado de aquella bomba de tiempo, viene a buscar lo que se ganó en buena ley.
Después que le dieron vida al androide, luego de justificarlo, glorificarlo y utilizarlo, le devolvieron el favor poniéndolo en libertad, con la certeza de que todo terminaría en una candidatura folclórica, que a lo sumo animaría el cotarro electoral y dejaría al comandante en situación de retiro político. Pero el monstruo se les fue de las manos, los bárbaros están a las puertas de Constantinopla, aquí no han encontrado mejor solución que discutir el sexo de los ángeles y de alli la novísima estrategia de montarse al tanque del comandante mientras aún se consiga puesto.
Sin embargo, no queda duda, ha sido activado un Plan B según el cual si no puedes frenar a tu enemigo, súmatele, estrategia que por manida no ha dejado de arrojar frutos en un país donde, desde la época colonial hasta nuestros días, desde los capitanes generales venidos del lejano Madrid, hasta los andinos, aventados por la ventisca de herméticos páramos, han sido ablandados con todos los recursos inimaginables. Y es así cómo el recio campesino de La Mulera, incapaz de manejarse con cubiertos de plata el día que amarró su mula a una de las columnas de la Casa Amarilla, terminó en venerable anciano sentado sobre mecedora de mimbre, rodeado de hijos, sobrinos y nietos que eran los mismos de quienes alguna vez se llamaron los 'Amos del Valle'.
Claro, hubo casos imposibles, como el de Boves, que transformó la causa realista en lucha de clases y se ensañó con los mantuanos a causa de viejos e insoportables desaires. De manera que hacer de Chávez un Gómez antes que un Boves es la consigna, lo cual implica, de hecho, la aceptación resignada de su victoria. Y por eso, antes que los billeticos de cien bolívares aportados por los venezolanos humildes para sus finanzas electorales, Chávez está recibiendo cheques de cien millones de parte de venezolanos un tanto menos humildes.
Vistas así las cosas, la mejor encuesta para él ha sido la de empresarios que se vinieron a retratar en su taquilla de donaciones. Unos, los de siempre, que para no equivocarse le juegan fuerte y paralelamente a los tres candidatos con mayor opción, y los otros, todos aquellos seducidos por su discurso estatista-proteccionista, que sueñan con el regreso de la sustitución de importaciones, los aranceles impositivos, los subsidios, las licencias y el fin de la apertura comercial.
Creo que no resulta muy difícil saber dónde localizar a quienes por lustros se beneficiaron de los créditos blandos de la Corporación Venezolana de Fomento, de las exenciones y condonaciones. Todos esos, por supuesto, le juegan su quintico al titán de los llanos en previsión de un come back con el cual, aparentemente, están de acuerdo las grandes mayorías. Es por eso, ahora, Chávez no es tan malo. Lo dice el soberano, lo reafirman las encuestas, lo escriben los columnistas y lo remachan los empresarios. Con el tendremos una suerte de gobierno adeco del 45, es decir, ignorancia casi total de los asuntos públicos, inexperiencia a la hora de tomar decisiones, mucho populismo, mucho más sectarismo y algo de corrupción, que si resultó inevitable con quienes han permanecido atornillados a las tetas del erario público, lo es aún más con los recién llegados. Un escenario más o menos idílico si no fuera porque todo aquello desembocó en 10 años de dictadura o porque, al final, nadie, ni el mismo Chávez, sabe cómo sería, realmente, un gobierno suyo. Y no hay nada peor para un inversionista que un escenario incierto. Al fin y al cabo, el fin de una época no significa el inicio de otra mejor, ni mucho menos. Y si Chávez nos resulta peor que Alfaro, sólo queda la vieja salida ablándenlo.
Los años duros
La realidad no contada
1989-2004
pp. 17-19
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