Hijos pródigos
Hijos pródigos
Por Alejandro Pes Casado
Abdel recordará toda su vida cómo cruzó la frontera con sus viejas botas de militar que encontrara en la basura.
El contacto entre la arena, las viejas botas y el agua, mientras bordeaba la costa con el miedo en los talones, no lo olvidará en la vida.
Acto seguido, cruzar el charco en una patera, robar un coche y dirigirse a la nueva frontera. Ir de pueblo en pueblo, a través de la Península Ibérica. Le seguían coches, personas a todo trapo, hasta motoretas.
Al final, en Francia, un gendarme lo apuntó con el revólver, se acercó, le encañonó en la nuca. No le temblaba el pulso.
De regreso a su hogar, sus padres estaban esperándolo con las manos abiertas.
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