Constitución nueva, tragedia en Vargas
Constitución nueva, tragedia en Vargas
1999
Por Roberto Giusti
El aguacero bíblico que azotó el país el 15 de diciembre no alteró unos resultados que se veían venir, pero le aguó la fiesta al Polo Patriótico. Como si le hubiera tomado la palabra al Presidente (quien el martes 14, por la noche no pudo evitar la tentación de citar una de las más socorridas frase de Bolívar "Si la naturaleza se opone..." y todo lo demás), el elemento agua se desató con furia sobrenatural, poniendo en evidencia que si Dios no estaba con el NO, tampoco votó SI, como predijo el Presidente y, a juzgar por las desastrosas del diluvio, uno colige que más bien se pronunció por la abstención.
Tampoco es descabellado barruntar que, tomando el guante que le arrojaron desde Miraflores, ordenó a San Isidro desatender cualquier solicitud proveniente de Venezuela, y la Quinta República nació bajo una torrencial lluvia que no fue de votos, mientras la Cuarta se despedía con un saldo de muertos y destrucción que canceló cualquier tipo de celebración.
Claro, lo deseable hubiese sido que antes que los lamentos nocturnos el Presidente hubiera tomado las debidas previsiones, porque el diluvio ya databa de 20 días atrás y quizás, si en vez de dedicarse a hacer campaña hubiera leído los reportes de Defensa Civil, se habrían podido evitar algunas de las muertes de este 15 de diciembre. Pero es así y no de otra manera cómo Chávez comienza su era con 70% del 45% de los votantes a su favor (poco más de dos millones y medio de votos) y casi un tercio del país en su contra, un cuadro que, sin embargo, no sólo le permite afrontar su elección para el sexenio con plena seguridad de ganar, sino copar todas las instancias de poder a partir de las megaelecciones de marzo.
Y es que los resultados del referendum eran previsibles, porque después de haber convertido a Chávez en Presidente, de votar por la Constituyente en abril y de concederle una mayoria abrumadora en julio, era una ilusión suponer que en diciembre la mayoría no le daría el SI. Como también lo es pensar que en tres meses toda esa estructura de poder, que se ha ido armando de elección en elección bajo su figura, pueda deshacerse en el momento de la consolidación. Todo lo contrario, constitucionalmente blindado y merced al dominio de la Asamblea Nacional, de las alcaldías y de las gobernaciones, como lo presagian los resultados, donde la peor cifra, en Lara, no bajó de 61%, Chávez puede convertirse en el presidente electo democráticamente con mayor poder en la historia del país.
Ni Lusinchi ni Pérez en sus mejores momentos y con cifras similares de votación se le pueden acercar, porque ambos dirigían un sistema ya en decadencia, su control sobre el aparato estatal era de carácter burocrático, la Constitución no les concedía tantos poderes y en las Fuerzas Armadas ya afloraba el descontento.
Esta vez los candidatos a gobernadores y alcaldes saben que cualquier posibilidad de triunfo pasa, inevitablemente, por el escritorio del Presidente, quien decidirá a quien sí, y a quien no, le transfiere la carga de alta tensión que recibe directamente de las masas. Porque intacto su prestigio, pese a la tremenda crisis económica y con el control total de la Fuerza Armada, ahora, más que nunca, la tentación autoritaria toca las puertas de Chávez.
Los años duros
pp. 47-48
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