ANTES QUE ANOCHEZCA
Mario Mendoza
El escritor Reinaldo Arenas estuvo preso en la infernal prisión de El Morro porque la Revolución cubana lo consideraba una amenaza debido a su condición de homosexual. Lo persiguieron, lo torturaron física y psicológicamente, lo obligaron a renegar de sí mismo, lo aniquilaron. Su autobiografía, Antes que anochezca, logró salir de la cárcel gracias a que otro recluso, también homosexual, escondió los originales en el recto. Luego Arenas escaparía de Cuba y se exiliaría en Nueva York. Ya no era él, era la sombra de sí mismo. Tenía sida y la vida se le había convertido en un fardo difícil de cargar. La vejez tampoco era para él. Había renegado de ella muchas veces y la consideraba «un insulto». Se tomó una dosis letal de alcohol y barbitúricos, pero en los segundos finales se asfixió con una bolsa que decía I Love New York.
Un libro que es introducido por el ano y que consigue burlar la vigilancia policial de este modo me parece uno de los destinos más extraordinarios y casi inverosímiles de la literatura. Y, curiosamente, muy consecuente con la vida del autor, con sus deseos más profundos, con sus obsesiones. El lenguaje como fluido corporal, el recto como matriz, el ano como vulva a través de la cual un nuevo ser llega a la vida antes que anochezca del todo.
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